—Idos a América o a Flandes, hijo mío, o entrad más bien en la Iglesia, y os daremos nuestra capellanía de Santa María del Castillo, en Madrigal: es lo que me decís todo el año. Pero aquesto no basta. Sabéis harto bien que soy amado de Beatriz desde niño y queréis asimesmo que le deje la dama a mi hermano. Es con ese pensamiento que me dejáis podrir sobre las carnes estas ruines bayetas, para que no pueda mostrarme ante mujer alguna. Mirad esta espadeja si no parece de vil estudiante. ¡Ah!, pero ruda y basta como es, sabrá vengar el entuerto. ¡Oste! Hace un año, señor, que os pedí un arnés para el rocín, y ni esto—exclamó, haciendo sonar la uña del pulgar en los dientes.—Agora os llega este caparazón y, despreciando mi demanda, se lo mandáis a él, que ya tiene sobrados. Todavía este puerco—exclamó señalando al lacayo—me lo enseña de lejos con sorna; se lo pido para mirallo, y echa a correr dando voces.
Don Felipe seguía moviendo, de tiempo en tiempo, la cabeza, sin levantar la mirada.
—¡Ah, señor!—prosiguió el segundón—la postre no os sabrá tan dulce como esperáis, ¡No! ¡No!—gritó bruscamente, golpeando con el tacón en el suelo y dando dos alaridos que resonaron de trágica manera, semejantes a la voz de un demente. Una de sus calzas se desató, dejando desnuda su pierna muy blanca y vellosa.
Esta vez el hidalgo se atrevió a decir:
—Calmaos, hijo; es la dura ley de la nobleza: sois el segundo. En cuanto a Beatriz, vos mesmo sabéis que ama a Gonzalo desde la infancia.
El mancebo fue a ponerse casi en cuclillas delante de su padre, y cara a cara, con los ojos fulgurantes y con voz ronca, aciaga, terrible, volvió a gritar:
—¡No! ¡No!...
En ese momento entraba el hijo mayor. Su venera, su espada, el joyel de la gorra, chispeaban en la penumbra. Al moverse dejaba oír rumores de metal y de seda.
—Seguro estoy—dijo soberbio, increpando a su hermano, después de haber saludado al canónigo—que reñíais a nuestro padre.
—Así es verdad—contestó el hidalgo;—me reñía porque os enviaba ese caparazón, con que me obsequia el alcalde de Toledo.