Mr. Ward ha tomado el principio de la síntesis creadora de la filosofía de Wund[6]. Según este principio, todos los actos o productos (Gebilde) psíquicos no solo están en relación con los elementos que han servido para formarlos, sino que contienen algo más que no se encontraba en dichos elementos. Tal afirmación vale tanto para las grandes concepciones de que acabamos de hablar, y en las cuales es obvio su carácter de creaciones sintéticas como en los casos de los poetas e inventores, cuanto para los fenómenos aparentemente simples de la inteligencia, como, por ejemplo, las sensaciones. La actividad del alma es propiamente sintética. Esto no quiere decir que el espíritu no sea capaz de efectuar análisis, sino que cada una de las partes mismas del fenómeno analizado es percibido distintamente en virtud de una síntesis especial.
Ahora podemos decir que la naturaleza igualmente efectúa por sí sola síntesis creadoras, con la diferencia de que en la mente el fenómeno es télico, es decir, se propone fines, se produce en vista de algún fin, mientras que en la naturaleza es genético, esto es, resulta de la acción de causas eficientes que funcionan sin un fin determinado.
De cambio en cambio se ha pasado del caos de la nebulosa al cosmos, del cosmos a la vida, de la vida a la inteligencia, a la sociedad. Nosotros no sabemos cuál sea el estado absolutamente elemental de la materia. La creación de algo de la nada, según la concepción antropomórfica, es inconcebible; pero entonces, cuando sobrevino aquella relativa condensación que constituyó la homogénea e indiferenciada masa de difusa, materia llamada nebulosa, tuvo lugar una síntesis creadora. Que dicha nebulosa se diferenció subsecuentemente en sistemas de mundos, de los cuales nuestro sistema solar no es más que uno, en conformidad a la hipótesis de Kant y de Laplace, constituye una afirmación que envuelve una síntesis creadora. Los elementos químicos fueron convirtiéndose sucesivamente en compuestos inorgánicos, compuestos orgánicos protoplasma, plantas y animales a través de otras tantas síntesis creadoras.
En las aseveraciones anteriores va envuelto un concepto monista de la naturaleza, esto es, el de la existencia de una sola substancia; pero la manera de obrar de las fuerzas implicadas en esa substancia es lo que se llama el dualismo cósmico. La naturaleza encierra no sólo fuerzas que se transforman, sino fuerzas que contienden. La universal energía no cesa jamás de obrar y su incesante actividad constantemente crea. Las cantidades de materia, masa y moción que entran en actividad no cambian; todo lo demás cambia: posición, dirección, velocidad, combinación, forma. Decir con Schopenhauer que la materia es causalidad envuelve una elipsis.
No es la materia, sino la colisión de la materia lo que constituye la única causa. Este eterno chocar de los átomos, este continuo esfuerzo de los elementos, esta presión sobre cada punto, esta lucha de todas las cosas creadas, este universal nisus de la naturaleza que da existencia a todas las formas materiales y se coloca dentro de ellas como propiedades, como vida, como sentimiento, como pensamiento; esto es el hilozoismo de los filósofos, la autoactividad de Hégel, la voluntad de Schopenhauer, el alma del átomo de Haeckel, el alma del Universo, el espíritu de la naturaleza, la causa primera de la religión y de la Ciencia, es Dios.
Cada fuerza se encuentra con resistencias; de otra manera no podría haber energía. La idea de fuerza es inconcebible sin la idea de alguna resistencia correspondiente. Si no fuera por estos conflictos del Universo, la evolución sería imposible. Las fuerzas de la naturaleza están perpetuamente comprimidas. Si la fuerza centrífuga no se hallara constreñida por la fuerza centrípeta, los planetas volarían de sus órbitas, siguiendo líneas rectas indefinidas. Si no hubiera habido tal restricción, éstos no habrían existido nunca. Todas las formas definidas de cualquiera clase que sean, son debidas a influencias antagónicas que constriñen, circunscriben y transforman el movimiento. La conservación de la energía resulta de esta ley y todos los multiformes modos de moción que se convierten perpetuamente unos en otros, son los productos de esta incesante lucha. Vemos atracción y repulsión, concentración y disipación, condensación y disolución; así se forman las nebulosas, los planetas, los satélites y los organismos. Viene a producirse una verdadera cooperación y colaboración de las fuerzas que compiten. Este es el principio de la sinergía, el principio de la acción productora y creadora de las fuerzas que contienden. El efecto normal y necesario que se destaca claramente en este dualismo cósmico, en esta lucha cósmica, es la tendencia a la organización de algo, a convertir la mayor suma posible de materia inorgánica en materia orgánica.
Una de las creaciones sintéticas de la naturaleza es la vida.
Después de la formación de la corteza terrestre quedó siempre ocupando las concavidades de la superficie una gran cantidad de agua y, envolviéndolo todo, una atmósfera de oxígeno, nitrógeno, carbono dióxido (carbón dioxide) y vapor acuoso. Estos últimos son los principales materiales con que han sido formados los productos bióticos. En todas partes existe un universal quimismo y constantemente son formadas diferentes substancias por medio del contacto y de las afinidades electivas de la materia. Debemos suponer que en el proceso de enfriamiento del planeta, el quimismo se convirtió en zoismo.
Esta es una suposición. Lo que nosotros sabemos es que la vida debió comenzar en algún momento en nuestro planeta, lo cual seguramente sucedió cuando la temperatura era más alta que las más elevadas de nuestra zona tórrida actual. Los atributos primarios y diferenciales de la vida han sido la irritabilidad y la movilidad. Su forma más simple que conocemos es el protoplasma, el cual mirado desde el punto de vista biológico, apenas puede ser llamado un organismo, por lo simple que es, mientras que observado desde el punto de vista químico, es tan complejo que no es posible colocarlo entre las substancias químicas. Ocupa exactamente el término medio entre el mundo inorgánico y el orgánico. Fué perfectamente llamado por Huxley «la base física de la vida». El protoplasma posee sus cualidades esenciales de la movilidad e irritabilidad, como el azúcar posee la dulzura, la quinina la amargura. El zoismo es una creación sintética del quimismo.
En el mundo orgánico, las primordiales fuerzas contendoras son la herencia y la variación, que corresponden en astronomía a las fuerzas centrípeta y centrífuga respectivamente. La herencia debe ser considerada como una tendencia de la vida a que continúe existiendo lo que ya ha empezado a existir. Todas las fuerzas son esencialmente iguales y la fuerza viva o fuerza de crecimiento es igual a cualquiera otra fuerza física, esto es, obedece a la primera ley del movimiento y produce movimiento en línea recta, siempre que no haya interferencia de otra fuerza. Si esto sucediese, resultaría un aumento constante en la cantidad de la vida sin que hubiese ningún cambio en la calidad. Pero en el dominio de la fuerza, como en el de cualquiera fuerza física, a consecuencia de la multiplicidad de los objetos de la naturaleza, existe necesariamente una constante colisión, una oposición constante, un continuo contacto con otras fuerzas que vienen de todos los lados imaginables. Éstas constituyen las resistencias del medio. La herencia sigue su camino lo mejor que puede en medio de los obstáculos que se le presentan. Ya hemos visto que bajo el principio de la sinergía cósmica la fuerza cósmica primordial que impulsó a la materia del espacio universal asumió por último, tras innumerables colisiones, una forma organizada y convirtió la materia del espacio en cuerpos simétricos coordinados en sistemas. De idéntica suerte, la fuerza vital, sujeta a la acción de muchas fuerzas contrarias, empezó a elaborar formas simétricas y a organizar sistema biológicos. Los protistas, las plantas, los animales, fueron los resultados de esta sinergía orgánica. Göethe esboza ya estas ideas en su «Metamorfosis de las plantas» (1790), y en su «Morfología» (1786).