El personal de los pasajeros se había modificado un tanto. Venían ahora un sacerdote católico y un pastor protestante. El primero era un señor de aspecto serio y discreto, que saludaba muy cortesmente, pero se portaba con retraimiento y le gustaba pasearse solo. Sin embargo aceptaba bromas y las seguía. Un joven norte-americano, que había vivido mucho tiempo en el Perú, le dijo una vez:

—He sabido, señor, que usted va a colgar las sotanas en Nueva Orleans.

Los circunstantes se rieron y unos de ellos observó:

—¡Qué barbaridad, hombre! ¿Tanto poder van a tener las americanas?

El sacerdote se sonreía.

—Pero, señores, continuó el joven, no tomen mis palabras en mal sentido. Lo que he dicho significa solamente que los sacerdotes no pueden en los Estados Unidos, como tampoco en Europa, andar de traje talar y sombrero de teja.

—Así lo he entendido yo, repuso el sacerdote, y ya tengo listos una flamante levita, un sombrero de pita que me compré en Paita y cuellos de guillotina abrochados atrás.

El pastor era un viejecito norte-americano que desempeñaba las funciones de su magisterio en una ciudad argentina. Se lo pasaba leyendo, era muy amable y servicial, y vivía preocupado de darnos informaciones y cartas y tarjetas de introducción a los que íbamos a los Estados Unidos. Un Domingo en la tarde congregó a la grey evangélica que pudo juntar a bordo y celebró un servicio religioso. Predicó un sermón a propósito de un pasaje bíblico y los demás cantaron coros, en los cuales sobresalía la hermosa voz entera y argentina de la inglesita que he mencionado.

Entre los hombres ocurren muy a menudo cosas que, no por substraerse a toda expresión por medio de palabras, dejan de ser reales. La influencia de la personalidad, la confianza en el carácter, la antipatía y la simpatía suelen ser de esta clase. El viejecito pastor no sugería la fe que predicaba. Sin el menor asomo de duda, era sincero; pero a su alma, gastada por la vida, le faltaba la unción comunicativa. ¡Cuántas veces, más que las palabras, dan prueba de eficacia para encender la fe y la confianza, el silencio y una sonrisa tranquila, espejos de un alma segura de sí misma!

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