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Las escuelas de San Francisco no gozan de tan buena reputación como las de Los Angeles, la gran ciudad de California meridional, y las de Oakland. Parece que en aquel pueblo la influencia de una politiquería no muy limpia, las perjudica. En Oakland tuvimos oportunidad de visitar dos establecimientos modelos en su género, la Technical High School (liceo técnico) y la Clawson School que es una especie de escuela primaria superior (Grammar School).
La Technical High School ocupa un edificio de dos pisos de la más original belleza. Su fachada se desarrolla en un semi-círculo de columnas de magnífico efecto, que trae algunas reminiscencias del exterior de la basílica de San Pedro en Roma. En esta escuela hay coeducación y tiene capacidad para dos mil alumnos de ambos sexos. Funcionan cursos diurnos y nocturnos. Sus cursos duran, como los de la generalidad de los high school cuatro años y comprende, fuera de los estudios teóricos, curso de carpintería, herrería, maquinarias y electricidad. Para que éstos se hagan de una manera completamente práctica, cuenta la escuela con amplísimos talleres provistos de toda clase de útiles y herramientas. Es de advertir que en los Estados Unidos la mayor parte de las high-schools, sin que por eso se llamen técnicas, disponen de tales talleres. La enseñanza de la física, de la química y de la fisiología, se hace en bien dotados laboratorios en que los niños trabajan personalmente. Observamos que no había muchos aparatos guardados en los estantes.
La Clawson School es algo de lo más perfecto imaginable. Tiene capacidad para ochocientos alumnos de ambos sexos y costó ciento sesenta y cinco mil dólares. Su fachada es sencilla y elegante. El arquitecto que la había hecho y que nos acompañaba nos dijo que en sus planos él buscaba siempre la creación de algo nuevo, que jamás una escuela se pareciese a otra.
El piso bajo contiene, fuera de espacios para juegos, los departamentos de economía doméstica y artes domésticas, cafetería, kindergarten, trabajos manuales, tocadores y baños de lluvia para los niños y niñas, y los aparatos centrales que producen la calefacción y ventilación de todo el edificio. Las salas de clases tienen, por un lado, ventanas hechas en tal forma que se componen casi exclusivamente de cristales, que, cuando se quiere, se pueden poner todos horizontalmente, y permiten que la sala quede como una pieza al aire libre. Para la colocación de los sombreros y abrigos de los muchachos las clases tienen una especie de guardarropía con dos puertas. Los alumnos al entrar pasan primero a la guardarropía, entran por una puerta, dejan ahí sus cosas y salen por la otra. Todo se hace con suma facilidad y comodidad. Los pisos de las salas y galerías se hallan cubiertos con linóleo.
El Kindergarten que he mencionado es muy mono. Está hecho con un arte empapado en amor a los niños. Se halla decorado con pinturas alegres de animales y personajes de cuentos, como corresponde a la fantasía de sus pequeños moradores. A pesar de tener calefacción central, hay una amplia chimenea, donde en el invierno arde el fuego de los clásicos hogares del norte y los pequeñuelos se agrupan alrededor de su profesora a escuchar historias de navidad. Para entretener a los chicos al aire libre en los días primaverales se levanta al lado de afuera un magnífico pórtico, adornado de plantas en maceteros y enredaderas y que hace soñar con lejanías griegas.
He hablado también de una cafetería. En casi todas las ciudades norte-americanas y principalmente en las del oeste y del centro, existen restoranes graciosamente llamados cafetérias en el idioma americano (con acento en la última e), cuya característica es que no haya mozos y cada cual se sirva a sí mismo. Uno principia por tomar una bandeja y cubierto: luego agrega los platos y postres que prefiere, que se encuentran convenientemente distribuídos a lo largo de extensos mostradores, y pasa por delante de una cajera, con la bandeja completa, que le computa el gasto y le recibe la paga. Por último, uno elige su mesa y se sienta a comer sin esperar mozo ni tener que dar propina. En muchísimas universidades, colegios y escuelas hay cafeterías en que los profesores y alumnos pueden tomar el lunch y comer a precios muy reducidos.
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Los Estados Unidos, como se sabe, constituyen la más gran democracia de nuestra época, y en algunos Estados del oeste es donde el viento de las reformas avanzadas ha soplado con más fuerza. Entre las instituciones californianas figuran la iniciativa, el referendum, el sufragio femenino y el recall, que pueden señalarse como las innovaciones políticas más radicales de nuestra generación. Las mujeres también son elegibles y en Noviembre[5] se dió por primera vez el caso de que cuatro de ellas obtuvieran los sufragios necesarios para ser miembros de la Asamblea del Estado de California.
El ejercicio de los derechos políticos dentro de las mismas condiciones que los hombres, no ha hecho perder a las californianas ninguna de las cualidades y virtudes propias de su sexo. Son finas y elegantes y viven preocupadas de una multitud de obras de filantropía social. En ese tiempo de guerra y de epidemia, han consagrado sus desvelos a la Cruz Roja y muchas han tomado a su cargo desde acá huerfanitos de Francia y Bélgica, a los cuales no conocen personalmente, pero hacen objeto de sus cuidados y les envían ropa y otras cosas. Agréguese todavía que casi todas ellas saben manejar un auto con tanta destreza como cualquier varón.