Deseoso de conocer algunos detalles y juicios sobre la organización democrática de la Unión y de California, le pedí un rato de charla al profesor Reed del Departamento de Derecho Público de la Universidad. Nos juntamos en su gabinetito particular, en uno de los pabellones universitarios. En las universidades americanas cada profesor dispone de una pieza privada con su biblioteca, donde puede trabajar tan bien o mejor que en su casa.

—Los comienzos de la democracia americana, empezó a hablar Reed, se remontan a la asamblea del pueblo de los sajones, a la Curia Regis de la Inglaterra normanda. Los principios de libertad civil que se encuentran establecidos en la Magna Carta, el Bill de los Derechos, el Habeas Corpus y en la Common Law, fueron un patrimonio que los colonos trajeron desde la madre patria a este continente. Ellos no entraron a crear nada de nuevo, sino que bastaron sus tradiciones políticas para que fundaran un gobierno libre. La misma constitución actual contiene muy poco que no sea indígena; es anglo-americana desde el principio hasta el fin.

Nuestra democracia descansa sobre una sólida base de autoridad. Los poderes del Presidente de la República son más variados, más comprensivos e importantes que los poseídos por el Ejecutivo de cualquier otro país. El Presidente nombra a los miembros del Gabinete sin tomarle la venia a nadie. Constitucionalmente la designación debe ser ratificada por el Senado, pero éste jamás niega en este punto su aquiescencia al Presidente. Los Ministros no deben formar parte de las Cámaras, ni concurren a ellas, ni son responsables ante ellas. De esta suerte, la administración pública forma un conjunto de funciones coordinadas con el poder legislativo y no subordinadas a él.

—El régimen norte-americano es el presidencial, observé, que forma uno de los tipos característicos del gobierno libre, siendo el otro el parlamentario, del cual ofrece Gran Bretaña el ejemplo más acabado. Ustedes han sabido combinar la democracia con la autoridad. ¿Qué puede decirme sobre la iniciativa y el referendum?

—Son procedimientos por medio de los cuales los ciudadanos entran a legislar directamente, manifestando su opinión en las urnas. La iniciativa puede ser de dos clases: o los ciudadanos obligan a las asambleas legislativas, por medio de su voto, a despachar una ley dada, o ellos mismos, sin tomar en cuenta a las asambleas, se pronuncian sobre algunas proposiciones y las convierten en ley. El referendum consiste en el sometimiento a la rectificación de los electores de algunos acuerdos de las asambleas para que tengan valor legal. Estos procedimientos se han introducido hasta ahora en unos veintidós Estados de la Unión. Pero debo confesarle que estas innovaciones no me parecen bien. Las multitudes son incapaces de gobernar. Pueden tal vez pronunciarse sobre problemas de carácter general y sencillo, pero no entrar en las cuestiones técnicas de detalles. Le voy a contar un caso de falta de criterio gubernativo de la masa. En la comuna de San José, se acordó, por iniciativa de los electores, cerrar los saloons o sea cierta clase de restoranes, lo que disminuyó inmediatamente las entradas del Municipio en ochenta mil dólares al año; y, a raíz de esta merma, los propios ciudadanos resolvieron que se elevaran los sueldos de las policías y otros empleados, debiendo empezar a pagarse el aumento desde el instante de su aprobación, a mediados de año. Como el presupuesto estaba vigente hacía seis meses y las entradas habían disminuído considerablemente, fué aquello un desbarajuste total. La iniciativa debería en todo caso empezar por presentar al cuerpo legislativo el proyecto que los ciudadanos desean ver convertido en ley. Si la asamblea lo desatendiera, habría llegado el momento de proceder directamente.

—¿Y el recall?

—Es el proceso por medio del cual un funcionario electivo, cuyos servicios no resultan satisfactorios para los electores, puede ser removido por éstos antes de la expiración de su período. Los jueces y los gobernadores están así a merced de los ciudadanos o de lo que puede ser a veces el capricho o el apasionamiento de las masas. Este procedimiento se ha implantado sólo en nueve Estados y mucho me temo que haya sido por lo general un completo fracaso. No le diré lo mismo del sufragio femenino que debemos estimarlo como un éxito. ¿Y qué me dice usted de su país?

—En nuestro país padecemos de un parlamentarismo sui generis que se entromete en todos los detalles de la administración pública, se da el placer de derribar varios ministerios en el año y no puede despachar leyes de importancia porque no hay clausura de los debates y cualquier grupo de senadores o diputados, por pequeño que sea, está en situación de obstruir indefinidamente el despacho de todo proyecto que no le convenga. Así nosotros tenemos menos autoridad que ustedes y también menos democracia.

—Por virtud de nuestra historia y de nuestra educación, la democracia está en la sangre de nuestra sociedad, y, por lo mismo, los que disponen de cualquiera parte de la autoridad, la ejercen sin contemplaciones. Ya hemos visto que nuestro Presidente es quizás el soberano más poderoso de la tierra; pero no hay para qué ir tan arriba. El guardián de la calle, el conductor de un tren, el negro camarero de un sleeping-car, el modesto conductor de un tranvía, son dictadores en su esfera de acción, y en lo que ellos estiman el cumplimiento de su deber, lo cual no quita que se conduzcan con amabilidad y presten ayuda a las señoras, a los niños y a los enfermos. En los trenes de Nueva York usted va a encontrar este letrero: «Se prohibe escupir en el suelo. El infractor de esta regla queda sujeto a la pena de prisión y a quinientos dólares de multa». Y se cumple. Ahí no se ruega o se indica lo que se debe hacer. Se ordena y se pone la sanción al lado.

Otra muestra de nuestro espíritu democrático es la cooperación de todas las clases sociales en las cosas de interés público. Usted ha visto de qué manera se ha levantado aquí el cuarto empréstito de la libertad. Los bonos no se han colocado por medio de las oficinas fiscales o de los bancos únicamente, sino por la acción de todo el mundo. En cada esquina ha habido garitas donde señoras y niñas ofrecían los bonos. A la entrada de los hoteles había también vendedoras y en las aceras scouts y policiales le ofrecían a usted los papeles de la libertad. Por lo demás, cada cual se apresuraba a comprar para llevar en el ojal el botoncito azul correspondiente en prueba de que era un buen ciudadano.