—¿Café, té o leche?

—Leche.

Al poco rato llega la muchacha que nos servía y le dice al Decano:

—Ya no hay más salmón, profesor S.

Y sin alterarse ni lamentarse, volviéndose a mí repite éste:

—Ya no hay salmón, profesor Molina, ¿qué prefiere usted entonces?

—Ah, un poco de ternera.

Al cabo de algunos minutos se acercó de nuevo la niña y le dijo al Decano:

—No hay uvas, profesor S.

Y éste con la misma calma anterior me repitió: