—No hay uvas, profesor Molina, ¿qué quiere ahora?

Otro profesor y yo que habíamos pedido uvas dijimos entonces:

—Budín.

No habían transcurrido tres minutos sin que la niña tornara a entrar y dijera:

—Se acabó el budín, profesor S.

Y éste nos repitió tranquilamente:

—No más budín.

Nos reímos todos y como ya no quedaba otra cosa que elegir pedimos pie.

Aún alcanzó a volver una vez la muchacha y dijo:

—No hay leche.