Muchas niñas viven en sororities o hermandades en pequeños pabellones dentro de los terrenos del colegio. Hay una que lleva el nombre de Shakespeare y su hall ha sido construído imitando la vieja casa del gran poeta.
El colegio admite internas, mediopupilas y externas. Las primeras pagan seiscientos dólares al año, las segundas cuatrocientos sesenta y cinco, y las terceras doscientos veinticinco.
Para los cuatro años de estudio se ofrecen los siguientes cursos. Arqueología clásica, Astronomía, Botánica, Química, Economía y Sociología, Educación, Inglés, Francés, Español, Italiano, Alemán, Griego, Latín, Geología y Geografía e Historia, Higiene, Matemáticas, Filología, Filosofía y Psicología, Física, Arte de hablar, Fisiología y Teología y Música.
Cada uno de estos cursos se subdivide a su vez en gran variedad de asuntos. Dentro de ellos deben las alumnas elegir el número necesario para completar la cantidad de unidades requeridas para graduarse.
El colegio confiere los títulos de Bachiller en Artes y de Maestro en Artes.
Las jóvenes tienen a su disposición una rica biblioteca de 90,000 volúmenes.
Es muy interesante una institución de las alumnas por medio de la cual cooperan al buen gobierno del establecimiento.
De acuerdo con la dirección, han formado ellas una llamada «Asociación en pro del Gobierno del Colegio de Wellesley», que tiene como órganos directivos un Gabinete y una Cámara de Representantes, compuestos de miembros elegidos entre los estudiantes y un Senado en que, además de cierto número de alumnos, figuran algunos individuos de las facultades. Las atribuciones de estos cuerpos se hallan claramente especificadas en sus estatutos. De esta suerte las alumnas toman vivo interés en la marcha del colegio, y se ejercitan al mismo tiempo en las prácticas de la autonomía o self-government, lo que no puede ser sino favorable para su educación.
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—¿Qué dicen de nosotros por allá, cómo nos juzgan? suele ser una preocupación de los hispano-americanos.