No puede caber duda sobre que esto sea verdad; pero también es cierto que el historiador debe hacer la crítica de las fuentes que utiliza, valorizarlas y rectificarlas con investigaciones más completas.

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¿Qué ocurriría con el pan-americanismo si el folleto del señor Shepherd fuera leído por todos los habitantes de ambas Américas y sus proposiciones aceptadas como verdades inconcusas?

No en un caso de difusión tan vasta, pero sí en algún efecto sobre el particular debe de haber pensado el señor Shepherd, porque termina con las siguientes palabras:

«Si tanto los latino-americanos como nosotros manifestamos un espíritu tolerante y amistoso hacia los aspectos de nuestra mutua divergencia, y si ambos nos abstenemos de herir los lados sensibles que dicha divergencia engendra, cuidando más bien de respetarlos, tanto más clara se presentará la perspectiva de esa cordial, completa y genuina inteligencia y cooperación entre las naciones del Nuevo Mundo que hará del pan-americanismo una realidad».

Muy bien dicho; pero, de acuerdo con este párrafo, lo mejor habría sido—para abstenernos de herir los lados sensibles que la divergencia engendra—que el señor Shepherd hubiera resistido a la tentación de escribir su ensayo psicológico.

Este párrafo final se halla colocado a continuación de aquella frase que hemos examinado hace poco en que el señor Shepherd dice que las diversas cualidades de los norte y sudamericanos no entrañan razones de superioridad o inferioridad para unos o para otros, sino simplemente motivos de diferencia. Como estas palabras, se encuentran las anteriores despegadas del contenido sustancial del artículo y casi en contradicción con él: son margaritas puestas sobre un sarmiento.

De todas maneras, debemos agradecer cordialmente al señor Shepherd lo que él desea que ocurra entre los pueblos del Nuevo Mundo; pero la verdad es—contestando la pregunta que formulábamos antes—que si el ensayo de nuestro autor fuera leído y aceptado como cierto por los americanos del norte y del sur, el pan-americanismo sería poco menos que imposible.

Para que subsista una institución como el pan-americanismo, que ha de ser lazo de unión, solidaridad y cooperación entre las naciones de este continente, es menester que haya estimación entre ellas. Y me parece que si los norteamericanos nos creyeran poseedores de los caracteres con que nos pinta el señor Shepherd, no podrían estimarnos.

Por otra parte, una unión fundada tan sólo en la conveniencia de los norte-americanos y en la superioridad de ellos, no sería panamericanismo, ni cabría que fuera aceptada por nosotros.