CAPITULO VI
CARACTERES DE LOS NORTE-AMERICANOS

Juicios severos de algunos profesores.—Los caracteres esenciales.—Eficiencia económica.—Espíritu democrático y patriótico.—Sin ceremonias y rudos de maneras.—Actividad y alegría.—Moralidad (la familia y el divorcio).—Religiosidad.—Idealismo social.

Creo que ha llegado el momento de suspender la desordenada descripción de impresiones que he venido haciendo y tentar una síntesis de las cualidades que puedan presentarse como los rasgos característicos de este gran pueblo norte-americano. La tarea no es fácil y se halla expuesta a los errores que son propios de las grandes generalizaciones; pero de hecho todo el mundo la hace. Lo más frecuente es que entre personas que han pasado por Estados Unidos se hagan preguntas como esta: «¿Qué piensa Ud. de los yanquis?» y que el interrogado conteste que le parecen así o asá, expresando de una manera clara, terminante, sin matices, juicios favorables o adversos.

Voy a apuntar estas sugestiones de psicología social como notas para que otros las completen más adelante. Puedo anticipar que mi ánimo es el que resulta de una impresión favorable y que me inclino a no aceptar algunos juicios bastante severos que me ha tocado escuchar a dos profesores universitarios respecto de sus compatriotas.

Asistí a una conferencia que en la Universidad de Columbia daba sobre americanización el profesor Franklin H. Giddings, catedrático de sociología en la misma universidad. Por su aspecto no se tomaría a Giddings por americano. Su cara más bien ancha, de ojos azules bondadosos, de barba recortada terminada en punta y de grueso bigote, hace pensar en un inglés que llevara en sus venas bastante sangre céltica. La sólida contextura de su cuerpo, de espaldas cuadradas y lo demasiado recio del bigote, sugieren la idea de un herrero o de un caballero medioeval. Uno se lo imagina fácilmente revestido de loriga y casco, teniendo por delante, asida a dos manos, la pesada espada de empuñadura de cruz. Pero es uno de los más eminentes cultivadores de la sociología en los Estados Unidos y autor de numerosas obras de alto valor científico en la materia.

Dijo Giddings que el problema de la americanización de la población del país se había hecho apremiante con motivo de la guerra europea. Hay centenares de miles o millones de habitantes que no hablan, ni leen, ni escriben el inglés. Hay millones que no reciben la sana influencia del hogar ni de iglesia alguna. Encareció la importancia de la escuela para llenar estos vacíos y entró a tratar de labores intelectuales. Con este motivo apuntó el juicio severo a que he hecho referencia. Dijo que a los americanos les faltaba el verdadero idealismo, el idealismo interno, espiritual, que conduce a admirar la inteligencia en todas sus formas.

Otro profesor en conversación privada me expuso: «Sería muy interesante escribir una buena psicología de los norteamericanos. Se me ocurre que como uno de los rasgos fundamentales se podría señalar la hipocresía o cant. Observe no más lo que ha pasado después de la guerra con el famoso principio de que los pueblos sean los únicos árbitros de sus propios destinos (principio de la self-determination). Este concepto ha tenido fuerza suficiente para afirmar los derechos a la autonomía de los polacos, checo-eslavos, yugo-eslavos, etc., es decir, de los súbditos de los imperios centrales; pero ha resultado sin ninguna eficacia en lo que respecta a los irlandeses, egipcios, indios, etc., ni tampoco lo será para los nicaragüenses, panameños y otros pueblos semejantes, esto es, para todos los que se encuentran dentro del bloque del Imperio Británico y de la República Norteamericana. A pesar de la proclamación de aquel brillante principio, el destino de los pueblos ha quedado ahora como antes, entregado al veredicto de la fuerza; los vencedores han llevado la bandera de la libertad al territorio de sus enemigos, pero no la han plantado en su casa. Mientras tanto, la gente se complace aquí en cerrar los ojos sobre estas cosas y en aparentar creer que la self-determination ha sido una gran norma aplicada con igual justicia en todas partes. Pura hipocresía. Otro rasgo fundamental sería el afán del dinero. El norteamericano no habla más que de negocios y dólares».

Me parece que tal vez la censura de Giddings no se haya muy lejos de lo cierto; pero que en los juicios avanzados por el otro profesor, cuyas palabras he transcrito, hay demasiada amargura y exageración.

Por mi parte preferiría señalar como caracteres fundamentales de la colectividad norteamericana la eficiencia económica y el espíritu democrático y patriótico. Resultan luego como cualidades sobresalientes en el término medio de los individuos, el buen fondo moral y la religiosidad, la actividad, la iniciativa y la alegría; pero, al mismo tiempo, hay que observar frecuentemente en ellos la exageración y la rudeza de las maneras.