—No ha dicho usted si se queda con la pieza.

—Si me quedo, le contesté.

—Baje entonces a inscribirse en el libro del establecimiento.

—En cuanto me lave bajaré.

Poco después entró el mozo con el agua fresca y me dijo:

—El administrador dice que baje a inscribirse, señor.

—Ya le he contestado que en cuanto me lave bajaré.

Al poco rato nuevamente el repiqueteo del teléfono. Otra vez el administrador.

—Ya le he dicho, señor, que baje a registrarse, me observó en un tono que no tenía nada de amable...

—Y yo le he respondido que en cuanto me lave bajaré repuse, y corté la comunicación.