Pero su innegable agudeza crítica permanece hasta el fin nublada á nuestro parecer por consideraciones políticas, no otorga sin atenuaciones el título de primer lírico cubano á Heredia, sin agregarle estas líneas: "A lo sumo la Avellaneda, que más pertenece á la literatura general española que á la particular de la isla, podrá disputarle, y en mi concepto arrebatarle la preeminencia". Me permito opinar de diferente manera. La Avellaneda es grande en el género dramático, en la tragedia principalmente; Alfonso Munio, Saúl, Baltasar, son obras por nadie en la España moderna superadas, pero en la lírica, si bien de forma más rotunda y estilo mucho más igual ó seguro, es hueca casi siempre, casi nunca original ni en los pensamientos ni en las imágenes.
Cuando Gertrudis Gómez de Avellaneda salió por primera vez de Cuba tenía veintidós años, estaba ya completa su educación y el soneto que escribió como despedida y empieza:
¡Perla del mar! ¡Estrella de occidente!
tiene todas las cualidades de sus obras posteriores. Cuando Heredia partió súbitamente de Cuba hacia el norte de los Estados Unidos tenía diez y nueve años, llevaba grabadas en los ojos y en la mente imágenes de la naturaleza patria que supo antes que nadie reproducir en verso, con tanta verdad y energía, con emoción tan honda y sincera, como es inútil buscarlas en las pomposas creaciones líricas de la ilustre poetisa dramática.
Me figuro que la Avellaneda misma hubiese sido la primera en atribuir á Heredia la palma entre los vates líricos, y lo deduzco de la bella elegía, que compuso cuando, allá en el fondo de la provincia de España donde residía, llegó á sus oídos la noticia de la muerte de su desgraciado compatricio:
¡Ay! que esa voz doliente,
Con que su pena América denota
Y en estas playas lanza el Océano,
"Murió, pronuncia, el férvido patriota..."
"Murió, repite, el trovador cubano";