Murió Abraham Lincoln á las siete de la mañana siguiente sin haber recobrado el sentido, ocupó el Vicepresidente el puesto vacante y todo siguió el orden previsto por la ley constitucional. Pero el pronto restablecimento de la prístina armonía entre los Estados, precedido por completo y generoso olvido de lo pasado, había perdido en la catástrofe el más sincero y poderoso de sus defensores. Las Furias, suspendidos sus quehaceres en los campos de batalla, iban ahora á buscar aliados en las salas del Capitolio.

La suerte más negra pareció empeñarse en perseguir á cuantos estuvieron presentes ó contribuyeron á la sangrienta escena. Booth, con una pierna partida, por habérsele enredado las espuelas en la bandera nacional que ornaba el frente del palco presidencial, no pudo llegar á lugar de salvamento tan pronto ó tan lejos como hubiera querido; vivió diez días con la sombra de la muerte encima hasta caer herido como una alimaña por la bala de sus perseguidores. Quizás, según otros, se mató él mismo al verse rodeado y perdido dentro de un granero, incendiado con el fin de forzarlo á entregarse. De sus cómplices cuatro, incluso la mujer en cuya casa se reunían, fueron ahorcados; los otros expiaron en un presidio.

Entre los que se sentaban dentro del palco fué la suerte de Lincoln la menos cruel, pues expiró á las pocas horas sin haberle llegado desde el minuto en que estalló el arma asesina la menor vislumbre de lo que pasaba á su alrededor. La esposa pasó el resto de sus días enajenada, sumida en estupor profundo. El mayor Rathbone recibió de Booth, al intentar sujetarlo, una terrible cuchillada en el brazo, y esposo prometido de la hermosa joven sentada á su lado, acabó años después por ser su matador en un acceso de locura furiosa.

Tales fueron las consecuencias individuales. Las políticas, las que en suma modificaron la marcha general de la nación, son conocidas y no es posible exagerarlas. Como dijo el general Sherman á uno de los jefes adversos: «no sufrió la Confederación desastre más grande».

Pero aparte de la importancia histórica su interés dramático nunca disminuirá. Es muy de desearse que venga pronto el biógrafo definitivo de Lincoln, el que sepa aprovechar todos los detalles y presentar al ilustre mártir con sus rasgos y colores verdaderos, en un trabajo menos difuso y encomiástico que el de los dos antiguos secretarios, más seguro en sus juicios que el de Morse, más artístico y armónico que el de Herndon. Prescindo de propósito del volumen incompleto de Lamon, donde primero aparecieron muchos sucesos anteriores á la época de su engrandecimiento político, pero relatados con cinismo á veces desagradable, sin verdadera simpatía. Las demás biografías, bastante numerosas tienen menos valor como obras históricas.


EL "CENTÓN EPISTOLARIO"
Y
LA CRÍTICA AMERICANA

Ningún fraude literario se ha impuesto tan completamente á la credulidad pública como el que perpetró don Antonio Vera y Zúñiga, conde de la Roca, imprimiendo ó haciendo imprimir en tiempo de Felipe IV un libro con el título de Centón Epistolario del bachiller Fernán Gómez, y el siguiente pie de imprenta en la portada: "fué estampado. E correto por el protocolo del mesmo Bachiller Fernanperez (sic). Por Juan de Rei e a su costa en la cibda de Burgos el Anno M CD XCIX", es decir, en 1499.

Forma un volumen delgado, de ciento sesenta y seis páginas en cuarto menor, compuesto de ciento cinco cartas de muy amena lectura atribuidas á un tal Fernán Gómez de Ciudad Real, médico particular del rey don Juan II, personaje de quien no hay más noticias que las que en sus propias epístolas aparecen, lo cual ya hoy nadie extraña, pues nunca existió individuo conocido con ese nombre y profesión en la corte del rey don Juan.