—Sí—exclamó el doctor—, pero nos exponemos a ser detenidos por los kaiserlicks, que han tomado ya el desfiladero del Sarre. Mirad, son dueños de las alturas; sin duda han enviado destacamentos hacia el Sarre-Rojo para rodear el Donon.
—Tomemos el sendero del Blanru—dijo Frantz—es más largo, pero es más seguro.
El trineo descendió a la izquierda, a lo largo de los bosques. Los guerrilleros, en fila, con el fusil a la espalda, marchaban por lo alto del talud, y el doctor, a caballo, iba por el camino en trinchera, abriéndose paso por entre las ramas de los árboles, proyectando su negra sombra sobre el sendero profundo, y la Luna alumbraba los alrededores. Aquel paso tenía algo tan pintoresco y majestuoso, que en cualquier otra circunstancia Catalina hubiese quedado maravillada al contemplarlo, y Luisa no hubiera dejado de admirar aquellas altas pirámides de escarcha, aquellos festones que relucían como el cristal, a la pálida luz de la Luna; pero entonces sus almas estaban llenas de inquietud. Además, cuando el trineo entró en el desfiladero, desapareció en absoluto la claridad, y sólo quedaron iluminadas las cimas de las altas montañas de alrededor. Iban caminando así hacía un cuarto de hora, en silencio, cuando Catalina, después de haber puesto muchas veces freno a su lengua, no pudiendo contenerse más, exclamó:
—Doctor Lorquin: puesto que nos tiene usted aquí, en el fondo del Blanru, y que puede usted hacer de nosotros lo que quiera, ¿quiere explicarme por qué se nos conduce por fuerza? Juan Claudio me tomó, me dejó en este montón de paja... y aquí estoy.
—¡Arre, Bruno!—murmuró el doctor.
Y luego respondió gravemente:
—Esta noche, señora Catalina, nos ha sucedido la mayor de las desgracias. No hay que culpar a Juan Claudio si, por la falta de otro, perdemos el fruto de nuestros sacrificios.
—¿La falta de quién?
—De ese desgraciado de Labarbe, que no ha sabido defender el desfiladero del Blutfeld. Bien es cierto que ha muerto cumpliendo con su deber; pero eso no repara el desastre, y si Piorette no llega a tiempo de socorrer a Hullin, todo se habrá perdido; será preciso abandonar el camino y batirnos en retirada.
—¡Cómo! ¿El Blutfeld ha sido tomado?