—¿De modo que la cosa está mal... decididamente... y tendremos la guerra aquí?

—Sí, Catalina; de un día a otro veremos llegar a los aliados a nuestras montañas.

—Lo sospechaba..., estaba segura de ello; pero hable usted, Juan Claudio.

Entonces Hullin, con los codos hacia adelante, las gruesas orejas rojas entre las manos y bajando la voz contó lo que había visto: las talas alrededor de la ciudad, la distribución de las baterías en las murallas, la publicación del estado de sitio, los carros de heridos en la plaza de armas, la conversación con el viejo sargento en casa de Wittmann y el resumen de la campaña. De vez en cuando hacía una pausa, y la anciana labradora entornaba los ojos lentamente como para grabar los hechos en su memoria. Cuando Juan Claudio habló de los heridos, la buena mujer murmuró en voz baja: «¡Gaspar se ha escapado de ésta!».

Por último, cuando acabose aquella lúgubre historia, hubo un largo silencio y ambos se miraron sin decir una palabra.

¡Cuántas reflexiones, cuán amargos sentimientos invadían sus almas!

Así que pasaron unos instantes, la anciana, sobreponiéndose a los terribles pensamientos que la embargaban, dijo gravemente:

—¿Ve usted, Juan Claudio, como Yégof no estaba equivocado?

—Sin duda, sin duda, no estaba equivocado—respondió Hullin—; pero ¿qué prueba eso? Un loco que va de pueblo en pueblo, que sube y baja de Alsacia a Lorena, que va de acá para allá, nada de extraño tiene que vea o que de cuando en cuando diga una verdad en medio de sus desvaríos. En su cabeza todo se embrolla, y los demás creen comprender lo que él mismo no comprende. Pero no se trata de historia de loco, Catalina. Los austriacos se acercan y lo que se trata de saber es si los dejaremos pasar o si tendremos el valor de defendernos.

—¡De defendernos!—exclamó la anciana, cuyas pálidas mejillas se estremecieron—. ¡Si nosotros tendremos el valor de defendernos! No es conmigo, Hullin, con quien tiene usted que hablar. ¡Cómo!... ¿Acaso valemos menos que nuestros antepasados? ¿Acaso ellos no se han defendido?... ¿No ha sido preciso exterminarlos a todos, hombres, mujeres y niños?