—Las compro.

—Y dentro de ocho días dispondré de otras tantas—añadió Marcos con la misma tranquila voz y la mirada atenta.

—También las compro.

—¡Sí, usted las compra—exclamó Hexe-Baizel—, usted las compra, no lo dudo!; pero ¿quién las paga?

—Cállate—dijo Marcos con acritud—; Hullin las compra, y su palabra basta.—Después, tendiéndole la ancha mano de un modo afectuoso, añadió:

—Juan Claudio, aquí está mi mano; la pólvora y el plomo son tuyos; pero quiero gastar la parte que me corresponde, ¿comprendes?

—Sí, Marcos; pienso pagarte en seguida.

—Pagará—dijo Haxe Baizel—, ¿lo oyes?

—¡Bah! ¡No soy sordo! Baizel, ve por una botella de brimbelle-wasser para calentarnos un poco el estómago. Lo que Hullin acaba de decirme me gusta. Esos granujas de kaiserlicks no nos ganarán la partida con tanta facilidad como yo creía. Parece que vamos a defendernos con energía.

—Sí, con energía.