[145] Esto se ha visto por los milagros de la Salette y de Lourdes.—Hé aquí por qué medios se forma comunmente la leyenda milagrosa. Un santo hombre, adquiere la fama de hacer curaciones; se le trae un enfermo que á causa de la emocion se siente aliviado, y al dia siguiente se refiere en diez leguas á la redonda que se ha verificado un milagro. El enfermo muere cinco ó seis dias despues, y nadie habla de ello, mas en el momento de enterrar al difunto, se habla con asombro de su curacion en un espacio de cuarenta leguas.—La palabra atribuida al filósofo griego delante de los ex-votos de Samotracia (Diog. Laerc., VI, II, 59) es asimismo perfectamente apropiada.
[146] En Jerusalem ocurre todos los años un fenómeno de este género y de los más extraordinarios que puedan citarse. Los griegos ortodoxos pretenden que el fuego que se enciende espontáneamente en el Santo Sepulcro el sábado santo de su Pascua, borra los pecados de aquellos que se lo pasan por el semblante sin quemarse. Millares de peregrinos hacen esta prueba, pero se convencen de que aquel fuego quema (y esto lo prueban las contorsiones y gestos que hacen, así como tambien el olor que se percibe). Á pesar de esto, ninguno ha contradicho la creencia de la iglesia ortodoxa, porque esto seria confesar que no se tiene fé, que uno es indigno del milagro, y reconocer ¡oh cielos! que los latinos son la verdadera iglesia, pues los griegos suponen que este milagro es la mejor prueba de que su iglesia es la única buena.
[147] Esta causa se vió ante el tribunal de Grenoble (sentencia del 2 de Mayo de 1855 y 6 Mayo 1847) defensas de los letrados Jules Fabre y Bethmont, etc., coleccionadas por J. Sabbatier (Grenoble, Vellot, 1857).
[148] ¿No se trasluce nada de esto en Juan, XX, 15?
[149] Véase más arriba, [p. 64-65].
[150] Juan lo dice expresamente en XIX, 41-42.
[151] Juan, XX, 6-7.
[152] Involuntariamente se piensa en María de Betania, que en efecto no desempeña un papel marcado en la mañana del Domingo. Véase Vida de Jesús, p. 341 y sig.; 359 y sig.
[153] Celso hacia sobre este punto excelentes observaciones críticas (en Orígenes, Contra Celsum, II, 55).
[154] Marc., XVI, 9; Luc., VIII, 2.