LOS APÓSTOLES.


CAPÍTULO I.

Formacion de las creencias relativas á la resurreccion de Jesús. — Las apariciones de Jerusalem.

Año 33

Aunque Jesús hablaba continuamente de resurreccion y nueva vida, no habia dicho nunca claramente que resucitaria en su carne[62]. Durante las primeras horas que siguieron á su muerte, sus discípulos no sabian á qué atenerse fijamente sobre este punto, pero segun la opinion que ingénuamente emitieron, suponian que todo estaba acabado. Lloran y entierran á su amigo, si no como á un muerto vulgar, al menos como á una persona cuya pérdida es irreparable[63]; están tristes y abatidos; pierden la esperanza que tenian de que su maestro redimiese á Israel, y diríase en fin, que se desvanecia la más querida ilusion de aquellos hombres.

Pero el entusiasmo y el amor no conocen las situaciones sin salida: se burlan de la impostura, y antes que renunciar á la esperanza, violentan la realidad. Algunas palabras que se recordaba habia dicho el maestro, sobre todo, aquellas por las cuales predijo su futuro advenimiento, podian interpretarse en el sentido de que saldria de la tumba,[64] y semejante creencia era por otra parte tan natural, que la fé de los discípulos hubiera bastado para confirmarla en todas sus partes. Segun la opinion general, Enoc y Elías no habian muerto, y ya se empezaba á creer que los patriarcas y los hombres de primer órden de la antigua ley, no habian muerto tampoco realmente, y que sus cuerpos se hallaban en sus sepulcros, en Hebron, vivos y animados.[65] Debia suceder con Jesús lo que con todos los hombres que han cautivado la atencion de sus semejantes; acostumbrado el mundo á suponerles virtudes sobrehumanas, no puede admitir que se hallen sujetos á la ley injusta é inícua de la muerte comun. En el momento de expirar Mahoma, Omar salió de la tienda sable en mano y declaró que cortaria la cabeza al que se atreviese á decir que el profeta ya no existia.[66] La muerte es una cosa tan absurda cuando hiere al hombre de genio ó de gran corazon, que el pueblo no cree en la posibilidad de semejante error de la naturaleza. Los héroes no mueren: ¿no es acaso la verdadera existencia la memoria que se conserva en el corazon de los que nos aman? Aquel adorado maestro habia llenado de alegría y de esperanza durante algunos años al pequeño mundo que se agrupaba á su alrededor. ¿Habria de dejársele pudrir en su tumba? No; habia vivido demasiado en el recuerdo de sus oyentes, para que no se afirmase despues de su muerte que vivia aún[67].

El dia que siguió al enterramiento de Jesús (sábado, 15 de nisan) todos se entregaron á estas reflexiones, y nadie trabajó porque era dia de sábado, pero jamás el descanso pudo ser tan fecundo, pues el pensamiento cristiano no tuvo que ocuparse aquel dia sino del maestro depositado en la tumba. Las mujeres, sobre todo, le prodigaban mentalmente sus más tiernas caricias, sin poder olvidar por un instante al dulce amigo que reposaba sobre su mirra, despues de haber sido muerto por los malos. ¡Ah! ¡sin duda los ángeles que le rodeaban, se cubrian la faz con su sudario! Bien decia él que iba á morir, que su muerte seria la salvacion del pecador, y que resucitaria en el reino de su Padre. Sí, él resucitará. ¡Dios no puede permitir que su hijo sea presa de los infiernos; no consentirá que su hijo vea la corrupcion![68] ¿Qué importa que le cubra la losa de la tumba? Él la levantará; él subirá á la diestra de Dios Padre de donde ha bajado; le volveremos á ver, oiremos su voz deliciosa y su palabra divina, y en vano le habrán dado muerte.

La creencia en la inmortalidad del alma, que por la influencia de la filosofía griega ha llegado á ser un dogma del cristianismo, permite consolarse fácilmente ante la idea de la muerte, puesto que con la destruccion del cuerpo, en esta hipótesis, queda el alma en libertad y no está ya sujeta por los lazos sin los cuales puede existir. Pero esta teoría, que considera al hombre como un compuesto de dos sustancias, no era muy clara para los judíos. El reinado de Dios y el del espíritu, consistia para ellos en una completa transformacion del mundo y en el aniquilamiento de la muerte.[69] Reconocer que la muerte podia vencer á Jesús, al que venia á suprimir su imperio, era el colmo del absurdo: solo la idea de que el maestro pudiera sufrir, habia indignado á sus discípulos[70], los cuales no pudieron luego elegir entre la desesperacion ó una afirmacion heróica. Á un hombre penetrante le hubiera sido dable anunciar desde el sábado que Jesús resucitaria, y en efecto, la pequeña sociedad cristiana hizo aquel dia el verdadero milagro; al resucitar á Jesús en su corazon, por el amor intenso que le profesaban, resolvió que Jesús no muriera: el amor en aquellas almas apasionadas fué en verdad más fuerte que la muerte,[71] y como la cualidad de la pasion es ser comunicativa, encendiendo cual una antorcha un sentimiento que se le asemeja, y se propaga luego indefinidamente, Jesús ha resucitado ya bajo cierto punto de vista. Que un hecho material é insignificante nos permita creer que su cuerpo no está aquí abajo, y se funda para la eternidad el dogma de la resurreccion.

Esto fué precisamente lo que sucedió, en circunstancias, que aunque en parte oscuras, á causa de la incoherencia de las tradiciones, se pueden apreciar con un grado suficiente de probabilidad[72].