Entónces tuvo lugar la union, casi incestuosa, de Antipas y de Herodías[300]. Entre los judíos severos y la irreligiosa familia de los Heródes, las leyes judáicas sobre el matrimonio eran incesantemente una piedra de escándalo[301]. Hallándose los miembros de aquella numerosa, pero aislada, dinastía reducidos á casarse entre ellos, resultaban de aquí frecuentes violaciones de los impedimentos que la ley establecia. Juan se hizo el eco del sentimiento general y censuró enérgicamente la conducta de Antipas[302]. No se necesitaba tanto para atizar el ódio de aquél y decidirle á tomar medidas violentas: mandó prender al Bautista y ordenó que se le encerrase en la fortaleza de Machero, de la cual se habia, sin duda, apoderado despues de la fuga de la hija de Hareth[303].
Antipas, más débil y cobarde que cruel, no deseaba la muerte de Juan, porque, segun algunos, temia que produjese una sedicion popular[304]. Otros aseguran[305] que habia llegado á escuchar con placer las doctrinas del prisionero, y que las palabras de éste habian sido para él motivos de grandes perplejidades. Sea como fuere, lo cierto es que el cautiverio de Juan se prolongó, y que áun desde el fondo de su encierro traspiraba su influjo al exterior. No sólo se hallaba en correspondencia con sus discípulos, sino que volverémos á encontrarle en relacion con el mismo Jesús. Afirmóse más y más su fe en la próxima venida del Mesías, y desde su calabozo seguia atentamente los movimientos exteriores, tratando de descubrir en ellos los signos favorables al cumplimiento de las esperanzas que alimentaba.
CAPÍTULO VII
DESARROLLO DE LAS IDEAS DE JESÚS SOBRE EL REINO DE DIOS
Hasta el arresto de Juan, que aproximadamente le hacemos constar en el verano del año 29, Jesús no se separó de las cercanías del mar Muerto y del Jordan. La permanencia en el desierto de Judea era generalmente considerada como el preparativo de grandes acontecimientos, como una especie de «retiro» que precedia á los actos públicos. Jesús, á ejemplo de los demás, se sometió á él, pasando cuarenta dias sin otra compañía que la de las fieras y ayunando rigurosamente. La imaginacion de los discípulos se ejercitó muchísimo respecto á aquel retiro.
El desierto, segun las creencias vulgares, era considerado como la residencia de los diablos[306].
Pocos sitios existen en el mundo más desiertos, más abandonados de Dios, más inaccesibles á la vida que la cascajosa falda que forma la orilla occidental del mar Muerto. Así pues, créese, que durante el tiempo que Jesús permaneció en aquel horroroso país sufrió terribles pruebas; que Satanás le aterrorizó con su falsa apariencia ó que le acarició con embriagadoras promesas, y que despues los ángeles, para premiarle por su triunfo, habian venido en su ayuda[307].
Probablemente al abandonar el desierto fué cuando Jesús supo el arresto de Juan Bautista.
No existian ya motivos para prolongar su permanencia en un país que le era casi extraño. Quizás temia tambien verse envuelto en las sospechas que se desplegaban acerca de Juan, y no queria exponerse en un tiempo en que su muerte no hubiera podido servir de nada al progreso de sus ideas, en vista de la poca celebridad que gozaba. Volvió á Galilea[308], su verdadera patria, fortalecido por una importante experiencia y habiendo adquirido con el contacto de un gran hombre, muy diferente á él, el sentimiento de su propia originalidad.
En suma, la influencia de Juan más bien habia sido desagradable que útil á Jesús. Fué un dique para su desarrollo: todo conduce á creer que tenía, cuando descendió al Jordan, ideas superiores á las de Juan, y que por una especie de concesion se inclinó por un momento hácia el bautismo.