El calor es ahora muy sofocante en las orillas del lago, el cual ocupa una depresion de doscientos metros bajo el nivel del Mediterráneo, y por consiguiente participa de las condiciones tórridas del mar Muerto[366]. Aquel ardor excesivo se hallaba otras veces templado por una vegetacion abundante: la cuenca del lago se hace inhabitable apénas concluye el mes de Mayo, y difícilmente se comprende hoy cómo pudo semejante hornaza ser el teatro de tan prodigiosa actividad. Josefo encontraba el país muy templado. Sin duda allí, como en la campiña de Roma, hubo algun cambio de clima debido á causas históricas. El islamismo, y sobre todo, la reaccion musulmana contra las cruzadas, fueron los que asolaron como un viento de muerte la comarca favorita de Jesús. Aquella hermosa tierra de Genesareth estaba muy léjos de sospechar que su futuro destino habia de salir del cerebro del que tan pacíficamente la paseaba. Peligroso compatriota, Jesús ha sido un personaje fatal para el país que tuvo el formidable honor de producirle. Codiciada la Galilea por dos fanatismos rivales, y habiendo llegado á ser para todos un objeto de amor ó de ódio, debia alcanzar por premio de su gloria el triste privilegio de ser trasformada en un desierto. Pero ¿habria sido Jesús más dichoso si hubiese vivido tranquilo y oscuro en el fondo de su aldea? Y ¿quién se acordaria hoy de aquellos ingratos nazarenos si, á riesgo de comprometer el porvenir de su modesto villorrio, no hubiese uno de los suyos reconocido á su Padre y no se hubiese proclamado hijo de Dios?
En la época á que hemos llegado de la vida de Jesús, todo su mundo se reducia á cuatro ó cinco burgos de grande extension. No parece probable que hubiese estado en Tiberiade, ciudad del todo profana, que los paganos habitaban casi por completo y de la cual habia hecho Antipas su residencia habitual. Sin embargo, algunas veces se alejaba de su region favorita é iba embarcado á Gergesa[367], poblacion de la ribera oriental. Otras iba hácia el norte, y se le ve en Paneas ó Cesárea de Filipo[368], en la falda del Hermon. Por último, una vez dirige sus pasos por la parte de Tiro y de Sidon[369], país que entónces debia estar floreciente en sumo grado. En todas aquellas comarcas se hallaba Jesús en pleno paganismo. En Cesárea vió la célebre gruta del Panium, sitio donde se colocaban las fuentes del Jordan, y sobre el cual referia la credulidad del pueblo extravagantes leyendas[370]; cerca de allí pudo admirar el templo de mármol que Heródes levantó en honor de Augusto[371], y probablemente vió tambien las numerosas estatuas votivas á Pan, á las Ninfas y al Eco de la gruta que la piedad amontonaba ya en aquel hermoso sitio. Un judío evemerista, acostumbrado á no mirar en los dioses extranjeros sino hombres divinizados ó demonios, debia considerar todas aquellas representaciones figuradas como otros tantos ídolos. Las seducciones de los cultos naturalistas, que embriagan á las razas más sensitivas, le hicieron poca impresion. Sin duda no tuvo ningun conocimiento de lo que el antiguo santuario de Melkarth, en Tiro, podia encerrar aún de un culto primitivo más ó ménos análogo al judáico[372]. El paganismo, que en Fenicia habia elevado sobre cada colina un templo y un bosque sagrado, toda aquella apariencia de grandeza industrial y de riqueza profana[373] debió sonreirle muy poco. El monoteismo priva al hombre de toda aptitud para comprender las religiones paganas; un musulman trasladado á los países politeistas mira sin ver lo que hay en torno suyo. Jesús no aprendió nada en aquellos viajes, y de ellos regresaba impaciente á su querida ribera de Genesareth: allí estaba el centro de sus pensamientos; allí encontraba fe y amor.
CAPÍTULO IX
LOS DISCÍPULOS DE JESÚS
En aquel paraíso terrenal, que hasta entónces no habia probado apénas los efectos de las grandes revoluciones de la historia, vivia una poblacion en perfecta armonía con el país, esto es, activa, honrada, alegre y afectuosa. El lago de Tiberiade es acaso el más abundante en peces de cuantos existen en el mundo[374]; en aquella época habia establecidas pesquerías muy productivas, particularmente en Bethsaide y en Capharnahum, las cuales permitian á los naturales vivir con cierta comodidad. Aquellas familias de pescadores formaban una sociedad dulce y apacible, que se extendia por toda la comarca del lago que hemos descrito, gracias á numerosos lazos de parentesco. Sus escasas ocupaciones les dejaban tiempo y libertad suficientes para ejercitar su imaginacion: en aquellas reuniones de hombres sencillos y bondadosos, las ideas sobre el reino de Dios encontraron más crédito y mejor acogida que en ninguna otra parte. Nada de cuanto en sentido griego y mundano se llamaba civilizacion, habia penetrado hasta ellos. Aunque la bondad de aquellas poblaciones se hallase muchas veces más bien en la superficie que en el fondo, sus costumbres eran tranquilas, y no carecian de finura ni de inteligencia. Puede uno figurárselas como semejantes hasta cierto punto á los mejores pueblos del Líbano, pero con la ventaja de producir grandes hombres, la cual no tienen éstos. Jesús encontró allí su verdadera familia. Instalóse en medio de ellos, como si Capharnahum fuera su «ciudad natal»[375], y en aquel reducido círculo que le adoraba, olvidó á sus escépticos hermanos, á la ingrata Nazareth y su burlona incredulidad.
Una familia de Capharnahum le ofreció, entre todas, un asilo agradable y discípulos adictos. Componíanla dos hermanos, hijos de un tal Jonás, que probablemente murió en la época en que Jesús fué á establecerse á las márgenes del lago:—aquellos dos hermanos eran Simon, llamado Cephas ó Pedro, y Andrés. Nacidos ambos en Bethsaide[376], habian ya trasladado su domicilio á Capharnahum cuando Jesús comenzó su vida pública. Pedro estaba casado y tenía hijos; su suegra vivia con él[377]. Jesús amaba á aquella familia y hacia de su morada su residencia habitual[378]. Andrés parece haber sido discípulo de Juan Bautista: quizás le conoció Jesús en las orillas del Jordan[379]. Los dos hermanos continuaron siempre ejerciendo su oficio de pescadores áun en la época en que se hallaban más unidos al maestro[380]. Jesús, á quien no disgustaban los retruécanos, decia algunas veces que los convertiria en pescadores de hombres[381]. Y efectivamente, no tuvo discípulos más adictos ni más fieles que los dos hermanos.
Tambien la familia de Zabdia ó de Zebedeo, pescador acomodado y patron de várias barcas[382], dispensó á Jesús afectuosa acogida. Zebedeo tenía dos hijos; Santiago, que era el mayor, y Juan, cuyo papel debia ser tan importante y decisivo en la historia del cristianismo naciente. Ambos eran discípulos celosos. La mujer del Zebedeo, María Salomé, tuvo tambien gran afeccion á Jesús, y le acompañó hasta la hora de su muerte[383].
En general, las mujeres le acogian con solicitud. Jesús poseia esas maneras reservadas que permiten una dulcísima union de ideas entre ambos sexos. Sin duda entónces, como hoy, la separacion de hombres y mujeres que ha impedido en los pueblos semíticos todo perfeccionamiento delicado, era ménos rigurosa en las campiñas y en las aldeas que en las grandes poblaciones. Tres ó cuatro galileas de las más adictas acompañaban siempre al jóven maestro, disputándose el placer de cuidarle y de escuchar su palabra[384]. Aquellas mujeres llevaban á la nueva secta un elemento de entusiasmo y de maravilloso, cuya importancia se deja ya comprender. Una de ellas, María de Magdala, que tan célebre debia hacer en el mundo el nombre de su pobre villorio, fué á lo que parece persona muy exaltada. Segun el lenguaje del tiempo, habia estado poseida de siete demonios[385], ó lo que es lo mismo, habia padecido enfermedades nerviosas, cuya causa era entónces inexplicable. La belleza, la bondad y la dulzura de Jesús, calmaron aquella imaginacion desarreglada. La Magdalena le permaneció fiel hasta en el Gólgota, y al dia siguiente al de su muerte desempeñó un papel de primer órden; porque, segun verémos despues, su testimonio fué la base principal sobre la que se estableció la fe en la resurreccion. Juana, mujer de Kuza, uno de los intendentes de Antipas, Susana y otras mujeres, cuyos nombres permanecen en el olvido, seguian sus pasos, prestándole incesantes servicios[386]. Algunas de entre ellas eran ricas, y los recursos que proporcionaban al jóven profeta, le permitian vivir sin ejercer el oficio que hasta entónces habia profesado[387].
Otros muchos discípulos le seguian y le aclamaban por maestro, como por ejemplo, un tal Felipe de Bethsaide, Nathanael, hijo de Talmai ó Ptolomeo, natural de Caná, el cual perteneció tal vez á la primera época[388], y Matheo, que probablemente era el mismo que habria de convertirse despues en Xenofonte del cristianismo naciente. Matheo habia sido publicano, y como tal, manejaba sin duda el kalam con más facilidad que sus compañeros. Quizás pensaba desde entónces en escribir sus Logia[389]; las cuales sirven de base á todo cuanto sabemos respecto á la enseñanza de Jesús. Cítanse tambien entre los discípulos á Tomás ó Didymo[390], el cual fué, segun parece, hombre de corazon y de generosos arranques[391], si bien algo incrédulo, á Lebeo ó Tadeo, á Simon el Zelador ó el Cananeo[392], discípulo tal vez de Júdas el Gaulonita, y perteneciente á aquel partido de los Kenaim, que ya entónces existia, y que tan importante papel debia muy pronto desempeñar en los movimientos del pueblo judío, y por último, á Júdas, hijo de Simon, natural de Kerioth, que fué el único desleal entre aquel grupo de fieles adeptos, y cuya traicion debia granjearle tan triste renombre. Ménos Júdas, todos eran galileos. La ciudad de Kerioth se hallaba situada en la extremidad Sur de la tribu de Judá[393], á cosa de una jornada más allá de Hebron.
Hemos dicho ántes que la familia de Jesús no le era, en general, muy adicta[394]. Sin embargo, sus primos carnales, Santiago y Júdas, hijos de María Cleophás, figuraban desde entónces entre sus discípulos, y la misma María Cleophás se halló en el número de las personas que le acompañaron y le siguieron al Calvario[395]. Su madre no aparece en aquella época cerca de él: sólo despues de la muerte de Jesús fué cuando María adquirió gran consideracion[396] y cuando los discípulos trataron de atraerla hácia ellos[397]. Entónces fué tambien cuando, bajo el título de «hermanos del Señor», formaron los miembros de la familia del fundador un grupo influyente que por espacio de mucho tiempo estuvo al frente de la Iglesia de Jerusalen, y que se refugió despues en la Batanea, cuando la ciudad fué entrada á saco. Así como las mujeres y las hijas de Mahoma, que ninguna importancia tuvieron en vida del profeta, adquirieron despues de su muerte grande autoridad, de igual manera el solo hecho de ser pariente de Jesús fué entónces una recomendacion decisiva.