—¿Quién es usted? ¿Qué desea?
—Soy el caballero de la Roche-Bernard—contesté;—y vengo de Bretaña...
—Ya sé, ya sé—repuso.
Y me abrazó, obligándome luego a que me sentara junto a él.
Hablome de mi padre, de toda mi familia, y demostró conocerla tan bien, que no dudé de que fuese el dueño del castillo.
—¿Es usted el señor de C...?—le dije.
Pero él se levantó, mirándome exaltado, y repuso:
—Lo era, pero ya no lo soy; ya no soy nada.
Y al ver el asombro con que yo le oía, agregó:
—Ni una palabra más, joven; no me interrogue usted...