Un campesino (golpeándole).—¡Toma, recontra! ¡ah! ¡y te atreves a mezclarte con los cristianos!

Otro.—¡Toma! ¡toma! y a ver si tus hermanos te socorrerán, demonio; llámales en tu auxilio.

Muchas voces.—¡Al agua, al agua!

La joven.—Bravo, señores, la Virgen os bendecirá; llevad su cinta verde y su cabeza al alcalde, y no os faltarán los doblones ni las indulgencias para la Cuaresma.

Flores (golpeado, desgarrado, lleno de polvo, pasa de mano en mano hasta la muralla que baña el mar; allí, un vigoroso andaluz le agarra y le echa al agua gritando).—¡Dios me salve! ¡Así mueren los masones herejes y los constitucionales, enemigos del rey absoluto!

La multitud.—¡Bravo! ¡Viva el rey absoluto!

Un marino.—¡Silencio, hijos míos, silencio! he ahí el cortejo que ya empieza a desfilar. ¡Vive Dios! es un hermoso día para mí.

Un campesino.—Para usted y para todos, señor marino.

El marino.—Para mí más ¡por Santiago! ¿No estaba yo a bordo del guardacosta que le dio caza?

Muchas voces.—¡Cómo, señor! ¡Usted asistió a ese espantoso combate! ¡Virgen santa! ¡y aun vive!