—Es verdad, no me acordaba—dijo el joven—. Adiós, maestro, hasta la vista.

—Hasta la vista... Tendría que ser mañana... porque antes de tres días su madre de usted ya no tendrá hijo.


Un mes justo después de la ejecución del gitano, una peste espantosa devastaba Cádiz; porque Blasillo había hecho naufragar su tartana al pie del fuerte de Santa Catalina...

Su tartana, llena de mercancías, comprada por él en Tánger, había sido saqueada por el pueblo.

Porque Blasillo, al comprar aquellas mercancías, que procedían de Levante, entonces asolado por una epidemia, sabía que estaban infectadas y que maese Plock no esperaba más que una ocasión favorable para purificarlas[8].

El pueblo de Cádiz que ignoraba esta circunstancia, se apoderó de las brillantes mercancías e infectó a todos los habitantes.

Hasta el alcalde y los miembros de la Junta que quisieron ver a sus mujeres y a sus hijos vestidas como las grandes de España, fueron atacadas por la peste.

En fin, perecieron gran número de personas en Cádiz y en sus alrededores, porque los meses de julio y de agosto fueron muy calurosos, y la fiebre amarilla complicó la peste.

Se calculó el número de los muertos en veintinueve mil setecientos treinta y dos, sin contar los frailes.