TESEO
Esta carta, sin necesidad de más adivinaciones, por sí sola, cual testigo fidedigno te condena, y vuelen cuanto quieran las aves que pasan por encima de mi cabeza.
HIPÓLITO
¿Por qué, ¡oh dioses!, no despliego mis labios, puesto que vosotros, a quienes doy culto, me perdéis? No, seguramente; no persuadiría a quienes quisiera, y violaría inútilmente mi juramento.[137]
TESEO
¡Ah! ¡Cómo me atormenta tu hipocresía! ¿No huirás cuanto antes de tu patria?
HIPÓLITO
¿Adónde me dirigiré? ¿En dónde pediré hospitalidad, desterrado por este delito?
TESEO
No faltan quienes reciban placer en darla a los seductores de mujeres, ni escasearán criminales, autores como tú de delitos domésticos.