CREONTE
Anímate; has venido, ¡oh Tiresias!, a ver a tus amigos; sostenlo tú, hijo, porque el niño pequeñuelo y los pies del anciano suelen recibir alivio de manos ajenas.
TIRESIAS (que se sienta ayudado por Meneceo).
Bueno, ya estamos aquí; ¿para qué me llamas con tanta precipitación, ¡oh Creonte!?
CREONTE
Aún no nos hemos olvidado de ello; pero recobra tus fuerzas y reanímate, descansando de la fatiga del camino.
TIRESIAS
Cansado estoy, porque llegué ayer de la tierra de Erecteo,[208] que allá también había cierta guerra contra Eumolpo,[209] y por mi causa han conseguido los Cecrópidas gloriosa victoria; y, como ves, traigo esta corona de oro, primicias de los despojos de los enemigos.
CREONTE
Buen presagio es para mí tu corona victoriosa. La tempestad que ha promovido la guerra contra los argivos, nos azota, como tú sabes, y grande agitación reina en Tebas. Ya el rey Eteocles, revestido de sus armas, fue a pelear con los de Argos, y me ha ordenado que te pregunte lo que hemos de hacer para salvar a la ciudad.