Acércate, virgen Electra, y mira no te engañes y haya muerto tu hermano, porque tan largo descanso no me agrada. (Al volverse Electra hacia el lecho despierta Orestes).

ORESTES

¡Oh sueño, dulce alivio, remedio de dolores, que tan a tiempo y tan suavemente te deslizas por mis párpados! ¡Olvido adorable de los males! ¡Cuánta es tu sabiduría y cuánto te aman los desventurados! (Mirando alrededor). ¿De dónde vine aquí? ¿Cómo llegué? No me acuerdo de nada de lo que pensaba antes.

ELECTRA

¡Oh hermano muy querido, cuán grande ha sido mi alegría viéndote dormir! ¿Quieres que te ayude a levantarte?

ORESTES

Sí, sí, y limpia de mi boca y de mis ojos la espuma que los cubre.

ELECTRA

Grata obligación; nunca me opondré a tributar a mi doliente hermano mis cuidados fraternales.

ORESTES