Sostenme con tu pecho y sepárame del rostro estos desaliñados cabellos, que no me dejan ver.
ELECTRA (sentándose a su lado
y echando hacia atrás sus cabellos).
¡Oh mísera cabeza de sórdidos rizos! ¡Cuán hórrida pareces descuidada ha tanto tiempo!
ORESTES
Reclíname otra vez en el lecho; cuando el delirio me deja, me siento débil y languidecen mis miembros.
ELECTRA
Ya está; amado es el lecho por el enfermo; molesto es, aunque necesario.
ORESTES
Levántame otra vez y vuélveme; las angustias impacientan a los que sufren.
ELECTRA