Esto es tener amigos, no solo parientes. El hombre que, libre de ese sagrado lazo, simpatiza con nosotros, nos sirve mucho más que un ejército de aquellos. (Vanse a la ciudad).
EL CORO
Estrofa 1.ª — Las grandes riquezas y el vano esplendor de los Atridas, que, llenando la Grecia, penetraron hasta las orillas del Simois, se desvanecieron desde aquella antigua calamidad de su linaje, cuando la discordia dio a los Tantálidas la oveja de vellón dorado,[280] y desde aquel misérrimo banquete y muerte de nobles hijos; y un asesinato sucede al otro, y una nube de sangre envuelve a los dos Atridas.
Antístrofa 1.ª — No honra, que deshonra es herir con el acero el cuerpo de nuestros padres, y enseñarlo a la luz del sol manchado de sangre; al contrario, cometer tales atentados es impiedad insana y delirio de hombres criminales. El miedo a la muerte hizo exclamar así a la hija de Tindáreo: «¡Oh hijo, no eres piadoso matando a tu madre; que por congraciarte con tu padre no contraigas perpetua infamia!».
Epodo. — ¿Qué causa más justa de dolor y de lágrimas, qué calamidad hay mayor en la tierra que asesinar a una madre? El hijo de Agamenón, que cometió ese crimen, será presa del delirio, y en él se cebarán las Furias para castigar su delito, y andará errante con ojos extraviados. ¡Oh mísero, que sin cuidarse del seno maternal, que dejaron ver sus vestidos desgarrados, se atrevió a matar a su madre por vengar a su padre!
ELECTRA (que sale del palacio).
¡Oh mujeres!, ¿adónde ha ido Orestes desde este palacio, dominado por el furor que los dioses le inspiran?
EL CORO
No ha sido así, que fue a la asamblea de los argivos para defenderse en esa terrible lucha, en la cual se ha de decidir de vuestra vida o de vuestra muerte.
ELECTRA