Casandra vive: pero ¿no gimes por este muerto? Mira su cuerpo desnudo y, contra lo que esperabas, contemplarás un prodigio.

HÉCUBA

¡Ay de mí! El muerto que veo es mi hijo Polidoro, el que me guardaba el tracio. ¡Yo muero; ya no puedo vivir más! ¡Oh hijo! ¡Hijo de mi corazón! Ya comienzo otro lúgubre canto, puesto que un numen maléfico me anuncia nuevas calamidades.

LA ESCLAVA

¿Sabías, ¡oh desdichada!, que tu hijo había sido asesinado?

HÉCUBA

Nuevo, nuevo es para mí esto; increíble, increíble; los males se suceden a los males, y ni un solo día dejaré de llorar y de gemir.

EL CORO

Horrendas, ¡oh mísera!, horrendas son nuestras desdichas.

HÉCUBA