¡Poderosa, propicia madre idea![308] ¡Ay, ay, sangrienta calamidad! ¡Males impíos, que vieron mis ojos en la mansión de los reyes! Protegidos por la oscuridad sacan las espadas ocultas bajo sus vestidos de púrpura y miran a todas partes, temiendo que acudiese alguno. Como jabalíes de las selvas revuélvense contra Helena, y le dicen: «Morirás, morirás; te mata tu pérfido esposo, que ha vendido al hijo de su hermano, entregándolo en Argos a la muerte». Ella exclamó, ella gritó: «¡Ay de mí, ay de mí!», y con su blanca mano lastimó su pecho, y golpeó tristemente su cabeza, y huyó, huyó con sus doradas sandalias; pero Orestes la agarró por los cabellos, después de alcanzarla con su calzado miceno, y doblando su cuello sobre el hombro izquierdo, se disponía a hundir en la garganta la negra cuchilla.

EL CORO

Y los frigios que allí estaban, ¿no la socorrían?

EL FRIGIO

Después que, dando espantosos gritos, derribamos con palancas los postes y las puertas de los aposentos en que estábamos encerrados, cada cual acudió al socorro desde distintos puntos, este con piedras, el otro con armas arrojadizas, estotro esgrimiendo en sus manos la espada. Contra nosotros se adelantó el invencible Pílades, cual el frigio Héctor o cual Áyax,[309] insigne por su casco de tres penachos, al que yo vi, sí, yo mismo vi a las puertas de Príamo, y comenzamos a pelear. Entonces, en verdad, probamos los frigios cuán inferiores somos a los griegos en la guerra: el uno huyó, el otro cayó muerto, este fue herido, aquel suplicaba pidiendo que le perdonasen la vida, pero las tinieblas nos salvaron a algunos. Parte exhalaban el alma, parte caían; otros, en fin, yacían heridos mortalmente. Hermíone, la desventurada, llegó al palacio cuando ya su madre no respiraba, su mísera madre, la que le dio la vida, y como tierna ciervecilla fue arrebatada por ellos, como ligeras bacantes sin tirsos, e hirieron otra vez a la hija de Zeus, que desapareció del lecho, ¡oh Zeus, y Tierra, y Luz, y Noche!, por encanto, o por arte mágica, o por obra de los dioses. Lo que después sucediera no lo sé, que fugitivo he salido del palacio. Menelao, víctima de tantas calamidades, ha recobrado inútilmente de los troyanos su esposa Helena.

EL CORO

Después de tan extraños sucesos algún otro ocurrirá, porque veo venir a Orestes hacia aquí con trémulo paso esgrimiendo su espada.

ORESTES[310]

¿En dónde está el que se escapó de mis manos en el palacio?

EL FRIGIO (cayendo a sus pies).