ADMETO

A ti y a mí nos ven; a dos desdichados que para morir en nada pecaron contra los dioses.

ALCESTIS

¡Oh tierra y techos de estos atrios, y nupciales tálamos de Yolco, mi patria!

ADMETO

Ten ánimo, ¡oh desventurada!; no me abandones, sino ruega a los dioses poderosos que de ti se apiaden.

ALCESTIS (mirando fijamente, como fuera de sí).

Veo, veo una lancha de dos remos; Caronte,[336] el barquero de los muertos, teniendo en sus manos el garfio, me llama ya. «¿Por qué vacilas? Date prisa; tú sola me detienes». Con estas palabras me insta.

ADMETO

¡Ay de mí!, ¡qué amarga navegación me has recordado! ¡Oh desventurada!, ¡qué horribles desdichas sufrimos!