¿Cómo, pues, ocultabas la calamidad presente a ese recién venido, tu amigo, según dices?
ADMETO
No hubiera entrado en mi palacio conociendo mis males. Y paréceme que, si acaso se los participo, no aprobará mi conducta, ni me alabará; pero mis atrios no están acostumbrados a rechazar ni a despreciar a los extranjeros. (Entra en el palacio.)
EL CORO
Estrofa 1.ª — ¡Oh palacio de varón liberal!, que a muchos has hospedado, al pitio Apolo, poderoso por su lira, su más digno habitante, que se rebajó hasta el punto de ser pastor de tus ovejas, cantando pastoriles epitalamios en las tendidas laderas con deleite de sus ganados.
Antístrofa 1.ª — Y atraídos por sus cantos pastaban cerca de Apolo pintados linces,[351] y le acompañaba escuadrón de rojos leones, abandonando los bosques otrios,[352] y junto a tu cítara, ¡oh Febo!, saltaba el manchado cervatillo cruzando con pies ligeros entre los ásperos abetos, alegre y bullicioso con tus versos.
Estrofa 2.ª — Por esto habita un palacio riquísimo en ovejas, cabe la laguna Bebia, de cristalina corriente, y por límites de sus campos y tierras aradas tiene el cielo de los Molosos, hacia donde el sol se pone, y domina en el mar Egeo hasta la costa escarpada del Pelión.
Antístrofa 2.ª — Y ahora, húmedos sus párpados, abre las puertas de su palacio para dar hospitalidad, y llora en su regia mansión la reciente muerte de su muy amada esposa. Las almas nobles son naturalmente bondadosas, y los hombres de bien disfrutan de los dones de la sabiduría. Confianza abrigo en mi corazón que su piedad ha de contribuir a que le sea propicia la fortuna. (Mientras canta el coro, traen a Alcestis en su féretro, rodeada de todos los esclavos, que forman el fúnebre cortejo).
ADMETO
Benévolos habitantes de Feres, que estáis aquí presentes: ya los servidores llevan el cadáver, adornado con toda pompa, a la pira y al sepulcro; vosotros, como es costumbre, saludad a la difunta, que sale ahora a recorrer su último camino.