[98] Punto de reunión, sin duda, como sucede entre nosotros.

[99] Mirábase a Pan como al dios que inspiraba repentinos e infundados terrores; a Hécate como a la diosa de encantadores y mágicos, que enviaba a la tierra espectros y fantasmas, y a Cibeles como a la deidad que daba la locura. Loco estuvo, en efecto, Atis, pastor frigio, que la desdeñó. Los coribantes eran sacerdotes que danzaban y aullaban como furiosos para impedir que Cronos oyese los gritos de su hijo Zeus.

[100] Dictina, advocación de Artemisa, de δίκτυον, red, porque cazaba con ella.

[101] Fedra era hija de Minos, rey de Creta, y de su mujer Pasífae.

[102] Limnes, paraje inmediato a Trecén, de donde viene el sobrenombre de Artemisa. El escoliasta dice así: Λίμνη, τόπος Τροιζῆνος ἔνθεν Λιμνῆτες Ἄρτεμις καλεῖται. Allí mismo debía haber un gimnasio, pues también dice el escoliasta: Λίμνη γυμνάσιον ἐν Τροιζῆνι, ὡς καὶ ἐν τοῖς ἐζῆς φησὶ Λίμνης τροχόν.

[103] El escoliasta reprueba este anacronismo, puesto que hasta la olimpiada 89 no consiguió el premio en Olimpia el lacedemonio León con caballos vénetos, y en esta época, si damos crédito a Polemón, ni siquiera se conocían.

[104] Esta máxima, fundada en el egoísmo, es inmoral y absurda, y probablemente alude a ella Cic. cuando dice en su libro De amicitia, cap. XIII, lo siguiente:

Nam quibusdam, quos audio sapientes habitos in Græcia, placuisse opinor mirabilia quædam, sed nihil est quod illi non persequantur argutius; partim fugiendas esse nimias amicitias, nec necesse sit nullum sollicitum esse pro pluribus: satis superque esse suarum cuique rerum: alienis nimis implicari molestum esse: commodissimum esse, quam laxissimas habenas habere amicitiæ, quas vel adducas, quum velis, vel remittas;

cuya traducción, de don Fernando Casas, Cádiz, 1841, pág. 76, dice así:

«Rarísimas son en esto las opiniones de algunos que, según oigo, son tenidos en Grecia por sabios, los cuales nada hay que no trastornen con sus agudezas. Pretenden que hayan de huirse las muchas y muy estrechas amistades para no verse uno rodeado de graves atenciones, pues harto tiene cada cual, y le sobra, con el cuidado de sus propios negocios, sin necesidad de mezclarse en los ajenos. Por esto les parece que deben traerse muy flojas las riendas de la amistad, para apretarlas o aflojarlas todavía más si conviniere».