[201] Sémele, hija de Cadmo y de Harmonía. Sabedora Hera de sus amores con Zeus, la aconsejó, apareciéndose bajo la forma de Beroe, su nodriza, que rogase a su amante que se le mostrase en toda su gloria. Accedió Zeus por haberlo jurado antes, y abrasó su palacio y a ella también. Dioniso, a quien llevaba en sus entrañas, fue conservado en un muslo de su padre.
[202] Cadmo llegó a purificarse a la fuente Dircea para sacrificar la ternerilla que le había indicado el lugar en que había de edificar a Tebas, y encontró en ella al dragón de que habla el coro.
[203] El carácter de Eteocles, irreflexivo y fogoso, forma natural contraste con la serenidad y la prudencia de Creonte. El primero solo oye la voz de su belicosa impaciencia, y con la imprevisión propia de sus pocos años, no piensa siquiera en el éxito de la batalla, y mucho menos en la posibilidad de que sea funesta. Creonte, al contrario, atento solo a rechazar a los sitiadores sin peligro, prueba su previsión y su capacidad en las cosas de la guerra, y da a conocer que ha reflexionado seriamente en las distintas peripecias que puede ofrecer el combate.
[204] Las malignas alusiones de Eurípides a las tragedias de su antecesor Esquilo, que debía hacerle no poca sombra, puesto que sobre ellas versan siempre sus críticas, se refieren ahora a la prolija enumeración que hace en sus Siete delante de Tebas de los capitanes enemigos. Naturalmente en las obras de Esquilo domina el elemento épico, que después va desapareciendo.
[205] Dioniso. En sus fiestas se armaban las bacantes con tirsos; cubiertas con pieles de manchados cervatillos, cantaban en coro las alabanzas del dios.
[206] Espartos, de σπαρτός, sembrado, esto es, de los hijos de los dientes del dragón, que sembró Cadmo.
[207] Dedúcese de estas palabras de Tiresias que los augurios de los griegos eran semejantes a los de los romanos y etruscos. Generalmente se elegía un lugar alto y sagrado, fijándose dos objetos en el horizonte, desde los cuales, y desde otros puntos intermedios, tiraba el observador hacia sí líneas ideales. El vuelo de las aves y los fenómenos celestes eran el objeto de sus observaciones, las cuales se apuntaban con cuidado. Debemos suponer que estos eran obra de Tiresias y de su hija, porque él solo, siendo ciego, no podría hacerlos. Las tablillas eran de madera, cubiertas con una capa de cera.
[208] Erecteo, rey de Atenas, e hijo de Pandión, sacrificó a su hija Ctonia por vencer a los habitantes de Eleusis. Mató a Eumolpo, nieto de Poseidón, y en castigo fue herido por un rayo. Se le atribuye la institución de los misterios de Eleusis.
[209] Eumolpo, rey de Eleusis, guerrero y poeta religioso, natural del Ática, según unos, y nieto de Triptólemo, y según otros, oriundo de Tracia y yerno de Tegirio, su rey. Murió a manos de Erecteo en la guerra que ambos se hicieron por la posesión del trono de Atenas. Sus descendientes, por espacio de mil doscientos años, tuvieron el privilegio de presidir los misterios de Eleusis.
[210] Recordemos, para apreciar la moralidad de esta fábula, que todas las desdichas de los Labdácidas provienen de la inobediencia de Layo al oráculo. Muere a manos de su hijo, y expía su ligereza incalificable. Edipo espera también eludir los decretos del destino, y es castigado casándose con su madre, cegándose y dando la vida a hijos incestuosos e ingratos. Estos, por último, sufren las tristes consecuencias de su odio fratricida, y se matan uno al otro cuando creían también evitar la muerte que les aguardaba. La inmensa superioridad del destino sobre la frágil voluntad humana, queda, pues, plenamente confirmada.