«No es la madre la que engendra al hijo, sino la que conserva el licor genital. Engendra el hombre; pero ella, como en hospedaje, guarda el germen para que el dios, así escondido, no le dañe. Daré una prueba de mi opinión. Puede haber padre sin madre». Alude claramente a Atenea, que nació, sin concurso de mujer, de la cabeza de Zeus.
De estas frases y de las que profiere Orestes debemos colegir que tal era la creencia vulgar de los griegos, en armonía con la distinta consideración social de que disfrutaban el hombre y la mujer, o el padre y la madre.
[272] Aunque diga el escoliasta ἔνιοι δὲ ἀθετοῦσι τοῦτον καὶ τὸν ἑξῆς στίχον· οὐκ ἔχουσι γὰρ τὸν Εὐριπίδειον χαρακτῆρα, esto es, que algunos suprimen este verso y el siguiente, porque no parecen de Eurípides, la verdad es que este trágico, enemigo de largos discursos en la ágora, no lo es en sus tragedias, como lo prueban innumerables ejemplos.
[273] En Áulide, hoy Mocsovathi, ciudad de la Beocia, frente a Calcis, en la Eubea, se juntó la flota de los griegos antes de navegar hacia Troya y fue sacrificada Ifigenia, hija de Agamenón y de Clitemnestra y hermana de Orestes, para obtener de los dioses un viento favorable.
[274] El escoliasta advierte oportunamente que desde las palabras ὦ μέλεος, Orestes habla aparte (ἠρέμα καθ᾽ ἑαυτὸν λέγει), deplorando su humillación cuando invoca el nombre de Helena, a quien tanto odiaba.
[275] Si a alguno parecen poco dignas las últimas palabras de Orestes, recuerde que los griegos, prontos como nosotros a sacrificar su vida cuándo lo exigía la salud de su patria, lo sentían, sin embargo, y sin degradarse daban rienda suelta a sus sentimientos. Entre ellos no era humillante apelar a los ruegos y lágrimas, como tampoco lo era recurrir en el foro a ciertos medios para excitar la compasión, que no están en uso entre nosotros.
[276] Fócide, región de la Grecia que confinaba al este con la Beocia, al oeste con la Etolia, al NE con el mar de Eubea y al sur con Corinto. Sus ciudades principales eran Delfos y Elatea. Estrofio, padre de Pílades, era su rey.
[277] Los agnados, lo mismo entre los griegos que entre los romanos, eran siempre preferidos a los afines, y de aquí que Orestes insista en esto particularmente.
[278] No olvidemos que Eurípides habla a un pueblo democrático.
[279] Este diálogo entre Pílades y Orestes, rápido, natural y animado, es uno de los mejores trozos de esta tragedia, y de los más notables del teatro antiguo.