ANDRÓMACA
¡Tal es nuestro anhelo! ¡Tan sensible su falta! Tantos los dolores incesantes que sufrimos, asolada nuestra patria, desde que los dioses nos fueron adversos, y se libró tu hijo de la muerte,[43] el que arruinó los alcázares de Troya con su odioso himeneo. Cadáveres ensangrentados yacen junto al templo de Palas para servir de pasto a los buitres, y Troya sufre el yugo de la esclavitud.
HÉCUBA
¡Oh patria, oh desdichada! Te deploro al dejarte (ya ves mi triste fin), al abandonar mi palacio en donde nacieron mis hijos. ¡Oh prendas amadas!, vuestra madre, sin hogar, se separa de vosotros. ¡Cómo las lamentaciones, cómo las lágrimas suceden a las lágrimas en nuestra familia! Pero el que muere, ni llora ni siente los dolores.
EL CORO
¡Qué gratos son a los afligidos los sollozos y el lúgubre luto, y los cantos que expresan su pena!
ANDRÓMACA
¡Oh madre de Héctor, guerrero que en otro tiempo mató con su lanza a muchos argivos!, ¿tú contemplas esto?
HÉCUBA
Veo que los dioses ensalzan lo que nada vale, y humillan lo que parece de más precio.