[186] El Osa es un monte de la Tesalia, en la Magnesia, a lo largo del golfo Termaico, célebre porque en él habitaron los centauros, y por ser uno de los que levantaron los gigantes para escalar el cielo.

[187] Quirón, centauro, hijo de Cronos y de Fílira, gran cazador, médico y astrónomo famoso. Habitaba en el monte Pelión, en la Tesalia, y fue maestro de Heracles y de Odiseo. Herido por una flecha empapada en la sangre de la hidra de Lerna, murió y fue trasladado al cielo, en donde forma el signo de Sagitario.

[188] Maya, una de las Pléyades, hija de Atlas y de Pléyone, fue amada por Zeus, de quien tuvo a Hermes.

[189] Las Pléyades, cuyo nombre proviene, según unos, de su madre Pléyone, según otros del verbo griego πλέω (navego), porque transformadas en astros se muestran en la época más favorable a la navegación, fueron hijas de Atlas y de Pléyone, como queda dicho. Eran siete: Maya, Electra, Táigete, Astérope, Mérope, Alcíone y Celeno.

[190] Véase Las Fenicias. Esta presa era los caminantes, que llevaba en sus garras cuando no acertaban sus enigmas.

[191] La Quimera, hija de Tifón y de Equidna, tenía la cabeza de león, la cola de dragón y el cuerpo de cabra, y vomitaba llamas. Denominose también así un monte de la Licia, en donde, según se dice, hubo un volcán que dio origen a esta fábula. Murió a manos de Belerofonte, que la atacó montado en el caballo Pegaso.

[192] El pañuelo no era, sin duda, conocido de los antiguos griegos.

[193] La malignidad de Eurípides y su envidia a Esquilo aparecen claramente en esta crítica que hace de la Electra de aquel poeta. La semejanza que en ella encuentra esta heroína entre su cabello y sus huellas con las de su hermano le bastan para afirmar su proximidad y después reconocerlo. Pensamos, sin embargo, que no es esto tan pueril como se supone, y que Esquilo, habiendo trazado a valientes rasgos el carácter de Electra, doncella vehemente, apasionada y cuya imaginación solo piensa en su padre y en Orestes, preocupada constantemente con la idea de su venganza, crea que el cabello y las huellas que ha visto junto al sepulcro de Agamenón pertenecen a su hermano. De todas maneras, ni al poeta ni a la composición conviene descender a estas críticas literarias, que rebajan la elevación necesaria en uno y otra.

[194] Esta invención de la señal o cicatriz de Orestes no tiene el mérito de la originalidad, porque es una imitación de la escena que leemos en el canto XIX de La Odisea, cuando la nodriza de Odiseo lo reconoce al lavarse, viendo la que le hizo el jabalí del Parnaso al visitar este héroe a Autólico y sus hijos.

[195] La palma (φοῖνιξ, phœnix dactylifera) símbolo de la victoria entre griegos y romanos, a causa de su mucha elasticidad y de la resistencia que opone al que intenta romperla. (Aulo Gel., III, 6). Dábase como premio a los atletas y conductores de carros que vencían a sus adversarios, como dice Horac., IV, 2: Sive quos Elea domum reducit palma cœlestes; y de aquí, por extensión, a todo el que triunfaba.