[204] Alfeo (hoy Rufia), río de la Élide que nacía en la Arcadia, cerca de Megalópolis, pasaba por Herea, regaba las llanuras de Olimpia y de Pisa y desembocaba en el mar Jónico.
[205] Salsamola, harina de cebada tostada y espolvoreada de sal que se usaba en los sacrificios, y aun se ofrecía sola, y se esparcía sobre las víctimas. Compárese este sacrificio con el descrito en el Heracles furioso, advirtiendo que uno es propiciatorio y otro expiatorio.
[206] Este cuchillo dórico era grande, parecido al que usan nuestros carniceros para despedazar la carne. Hállase representado en muchos bajorrelieves de sepulcros, sobre todo en uno bellísimo de Pompeya.
[207] Los griegos medían a veces el tiempo ateniéndose al que se invertía en recorrer el estadio, ya por la frecuencia con que se celebraban entre ellos estos certámenes, ya para expresar con alguna novedad su pensamiento. Según Pausanias, la carrera a caballo del estadio era de dos diarcos, es decir, cuatro veces su longitud.
[208] No se sabe la diferencia que había entre el cuchillo dórico y el ftío, pero es de presumir que su distinta forma se adaptase a los dos diversos usos a que alude el poeta, y este último debía ser más pesado y fuerte que el primero.
[209] El Alfeo, como hemos dicho más arriba, pasaba por Olimpia, en donde se celebraban los famosos juegos. El anacronismo es evidente, pues los juegos comenzaron 775 años antes de Jesucristo, y la época en que se supone ocurrir la acción cae hacia el año 1180 antes de dicha Era.
[210] De su padre Estrofio el focidio.
[211] Este rencor inextinguible que Electra abriga contra Egisto hasta después de muerto, es repugnante e indigno de una doncella de su estirpe. Ni sus pasadas desdichas e intolerables agravios, ni su espíritu de venganza debían hallar satisfacción en proferir tales injurias contra un muerto. No obstante, el odio de la mujer, dado cierto carácter, es profundo y vehemente hasta el delirio, como lo probó Fulvia, la mujer de Antonio, atravesando con un punzón de oro la lengua de Tulio.
[212] Prosigue el poeta desenvolviendo en este diálogo el carácter de la virgen Electra, de la hija de Agamenón, descendiente de dioses, y en verdad que es poco feliz en esta parte, porque solo nos inspira el horror y el desprecio, y es infinitamente inferior a Esquilo, su odiado rival. La Electra de Esquilo es una especie de Medea, dominada como esta de un furibundo vértigo, ciega y desatentada, que asesina a su madre en uno de sus transportes. Esta, a pesar de los esfuerzos de Eurípides, nos parece fría, calculadora, egoísta, cruel e interesada, y, a nuestro juicio, como dijimos en el prólogo, una criminal tan despreciable como vulgar.
[213] Cástor y Pólux, los Dioscuros, hijos de Zeus, que eran para los marineros paganos lo que San Telmo para los nuestros, su protector y abogado.