[342] Como este mensajero es un esclavo, no osa, sin permiso de su dueño Menelao, tomar parte en el diálogo de ambos esposos, y solo cuando este le da licencia para ello se atreve a hablar con sus dueños.

[343] Famoso adivino, hijo de Téstor, que acompañó a los griegos a su expedición a Troya y predijo que duraría diez años, y que la flota que conducía a los guerreros no saldría del puerto de Áulide hasta que Agamenón sacrificase a su hija Ifigenia en el altar de Artemisa. Homero dice que murió de despecho, vencido por el adivino Mopso.

[344] Heleno, otro adivino hijo de Príamo, a quien cautivó Odiseo en la guerra de Troya, y después de tomada fue hecho esclavo de Pirro, cuya amistad se granjeó prestándole importantes servicios. Pirro le cedió su esposa Andrómaca, y al morir, parte de sus estados.

[345] Esta diatriba contra el arte de las adivinaciones, aunque conforme con nuestras ideas, no deja de ser un rasgo inaudito de irreligiosa osadía, tratándose de un griego de la antigüedad. Justamente, uno de los lazos comunes que unía a los distintos pueblos de la Grecia era esta creencia en los oráculos, y la veneración que se profesaba a algunos, como al de Apolo en Delfos, asilo sacrosanto en tiempo de disturbios, a cuyo lustre contribuían con sus dones todas las ciudades helénicas.

[346] Esta tempestad de que habla Menelao es la que promovió Poseidón a ruego de Atenea, para vengarla de la profanación de su templo por Áyax, de todo lo cual hacemos mención en Las Troyanas, verso 77 y siguientes.

[347] Nauplio, rey de la Eubea y padre de Palamedes, que pereció apedreado en el campamento de los griegos junto a Troya, por engaño de Odiseo, se vengó de sus enemigos encendiendo hogueras en el promontorio Cafereo, y atrayendo hacia él a los vencedores de Ilión, cuyas naves se estrellaron casi todas en los escollos.

[348] Creta, a consecuencia de los amores de Pasífae, de la expedición de Teseo y de la muerte de Minotauro era para los griegos una isla novelesca.

[349] Hallábanse estas grutas, en las cuales Perseo cortó la cabeza de la Gorgona, en la parte occidental del delta del Nilo.

[350] Las frases pronunciadas antes por la vieja portera del palacio de Proteo, cuando Menelao se llega a él pidiendo hospitalidad. Recuerda lo que le ha dicho del odio que su señor profesa a los griegos y sus noticias sobre Helena, la hija de Zeus, incomprensibles entonces pera él.

[351] Ejemplos innumerables que hemos visto en otras tragedias nos enseñan que entre los antiguos griegos los altares de los dioses servían de asilo a los criminales y desdichados, y como Menelao solo ve un sepulcro, no un templo ni un altar, extraña esta costumbre de los egipcios, distinta de la de sus compatriotas. Sin más explicación se comprende fácilmente que Helena, expuesta a los ardores amorosos de Teoclímeno, cuidase de dormir de noche en el sepulcro, no en el palacio de su amante desdeñado.