[352] Teónoe, de θεός, dios, y νοῦς, entendimiento.

[353] Neleo, hijo de Poseidón y de Tiro, y hermano de Pelias, a quien ayudó a usurpar el cetro de Yolco, que empuñaba Esón; desterrado después por el usurpador, fundó Pilos y Mesenia, y se casó con Cloris, de quien tuvo doce hijos, y a Néstor entre ellos. Se atrevió a pelear con Heracles, y murió a sus manos con casi todos sus hijos, excepto Néstor. Neleo fue uno de los argonautas. Su hijo y sucesor, de quien habla Menelao, el Matusalén de los griegos, asistió al combate de los centauros y los lapitas, y capitaneó a pilios y mesenios en el sitio de Troya, en donde perdió a su hijo Antíloco. Néstor, como hemos dicho, era tan viejo que, según Homero, contaba tres edades de hombre, y fue también muy famoso por su sabiduría y su elocuencia.

[354] Desde los tiempos más remotos fueron mirados los egipcios por los demás gentiles, sobre todo por los griegos, como un pueblo excesivamente religioso, fanático y supersticioso, y su país como la patria natural de prodigios y portentosas maravillas. Recuérdese también que entre los idólatras la purificación corporal era signo de la espiritual, y consecuente con esta creencia la divina Teónoe, purifica la atmósfera que respira y la tierra que pisa con el fuego, el azufre y la resina.

[355] Curiosas son en extremo estas razones de alta política que mueven a las diosas Hera y Afrodita, atentas a que no sufra menoscabo entre los mortales la idea que tienen de su poder. La vanidad mujeril, que así reinaba entre los griegos en el cielo como en la tierra, excitan a cada una a favorecer o dañar a Helena y Menelao; y aunque Artemisa a la conclusión del Hipólito diga que está prohibido a los dioses usurpar lo que a otros corresponde, ni intervenir en sus asuntos particulares, ocurría sin duda a veces que chocaban sus intereses, y en este caso no había otro recurso que celebrar solemnes consejos, en los cuales se resolvían tan importantes cuestiones.

[356] Algo crítica es la situación de Teónoe, porque en último caso probará que ella, simple mortal, si favorece a Menelao y a Helena, es más justa y filantrópica que la misma Afrodita, lo cual no habla muy alto en favor de su piedad para con una divinidad injusta. Obsérvese la tendencia irreligiosa de Eurípides, siempre dispuesto a rebajar a los dioses y a ensalzar a los hombres a costa de aquellos, pues dentro de poco Teónoe demostrará con su conducta que, fiel a la memoria y a la voluntad de su padre, despreciando las iras de su hermano y de Afrodita, se declara sin rebozo por lo que cree justo y humano.

[357] Seguramente no será necesario llamar la atención de los lectores hacia la castiza y natural belleza de los dos discursos que pronuncian Helena y Menelao. Nutridos de sólidas razones, llenos de espontáneos y sencillos afectos y apropiados a la aflictiva situación en que ambos se encuentran, prueban una vez más el indispensable talento dramático de Eurípides, siempre que no lo extravíe el filosofismo, su amor a la novedad, su afán inmoderado de distinguirse de los demás poetas, y como consecuencia de todo esto, las radicales alteraciones que hace sufrir a las fábulas mitológicas tradicionales, al carácter de los personajes que intervienen en ellas, consagrado por los siglos, y a los dioses que forman en los negocios humanos, a imitación de lo que sucede en La Ilíada, una parte tan activa.

[358] El de profetizar, de que se ha hablado antes.

[359] Estas opiniones filosóficas de Eurípides, que expone en distintos pasajes de sus tragedias, provienen sin duda de su maestro Anaxágoras, y no dejan de ser curiosas. En su concepto, el cuerpo, formado de tierra, vuelve a ella después de la muerte, y el alma, emanación del Éter, torna también a él. Acaso los griegos, dotados de singular perspicacia para penetrar en los arcanos psicológicos, hubieron de conocer el problema, que aún no ha resuelto la ciencia en nuestros días, abandonada a sí misma, esto es, el de la unión del alma y del cuerpo, espíritu simple la primera y materia compuesta el segundo. La Filosofía hasta ahora se limita a consignar el hecho de esta unión, pero no lo explica ni probablemente podrá explicarlo nunca.

[360] Aquí respira de nuevo la animosidad de Eurípides contra el bello sexo.

[361] Fácilmente recordarán los lectores que la palabra cenotafio (de κενοτάφιον, sepulcro vacío) de que usa antes Helena, indica con claridad que Menelao no ha de ser sepultado en él, sino que se le va a erigir en el supuesto de que ha perecido en la mar, llevándose esta su cadáver. Menelao representará ante Teoclímeno el papel de náufrago compañero de aquel héroe, que se ha salvado con trabajo. Recuérdese también que en casi todas las tragedias de Eurípides las mujeres son de ordinario las que urden estos astutos artificios, como en la Hécuba, para mutilar a Poliméstor, y en la Electra, para vengarse de Menelao.