Hijos de la Tierra, que sembró Ares en otro tiempo arrancándoos de la boca voraz del dragón, ¿no levantáis los cetros en que se apoyan vuestras diestras y ensangrentáis con ellos la cabeza de este impío? ¿Cómo no siendo tebano, sino un advenedizo, osas tiranizar a estos jóvenes? Al menos no te atreverás a ofenderme impunemente, ni poseerás lo que gané con tanto trabajo de mis manos; vete al país de donde viniste para sufrir el condigno castigo y hacer alarde de tu insolencia; mientras yo viva no matarás nunca a los hijos de Heracles, aunque él los haya abandonado y yazga bajo la tierra. Tú has arruinado este país, y el que tanto le sirvió no obtiene la recompensa merecida. ¿Por ventura no debo acordarme de mis amigos difuntos cuando más me necesitan? ¡Oh diestra mía! ¡Cuánto anhelas empuñar la lanza, aunque los años frustren tu deseo! Te haría callar a no ser por esto, ya que osas llamarme esclavo, y con gloria habitaremos en Tebas, cuya posesión tanto placer te infunde. Desacertada anduvo entregándose a sediciosos y pérfidos consejeros; de otro modo nunca hubiese consentido que reinases en ella.[100]

MÉGARA

Alabo vuestra conducta, ¡oh ancianos!; justo es indignarse contra los que hacen sufrir a los amigos, pero que ningún daño padezcáis por causa nuestra de este rey airado. Oye, pues, mi parecer, ¡oh Anfitrión!, si en tu juicio lo merece. Ciertamente amo a mis hijos, ¿y cómo no, si los di a luz? La muerte es para mí una desdicha, pero luchar contra la necesidad, necia pretensión. Ya que hemos de perecer, que sea de otra manera, no devorados por el fuego y sirviendo de escarnio a nuestros enemigos, mal más intolerable que la muerte, cuando, por otra parte, no debemos deshonrar a nuestros abuelos. Gloriosa fama alcanzaste tú en la guerra para morir sin valor; pero mi ínclito esposo, ¿no expresó también su deseo de que no viviesen sus hijos mancillados? Afligen a los nobles las acciones torpes de sus hijos, y yo no debo olvidar el ejemplo de Heracles. He aquí, pues, mi opinión acerca de tus esperanzas. Crees que tu hijo vendrá del centro de la tierra, pero ¿qué muerto ha vuelto jamás de los infiernos?[101] ¿Podremos acaso aplacar con ruegos a Lico? De ninguna manera: que el necio intente huir de su enemigo; los prudentes, los que han recibido educación distinguida, solo deben ceder, porque más fácilmente se apiadarán de ti si te resignas. Ya he pensado en solicitar el destierro de estos hijos a fuerza de súplicas. Miserable será, no obstante, su suerte si han de vivir pobres y sin ventura, pues, según dicen, los que dan hospitalidad a los desterrados solo el primer día los miran con buenos ojos. Soporta, como nosotros, la muerte que te aguarda. Apelamos a tu nobleza, ¡oh anciano! El que intente luchar contra las calamidades que mandan los dioses, por grande que sea su ánimo, no dejará de ser un insensato, pues nadie logrará evitar lo que ha de suceder necesariamente.[102]

EL CORO

Si mi brazo fuese vigoroso y os injuriaran, fácilmente castigaría a quien tal osase; ahora nada somos; así, ¡oh Anfitrión!, piensa en la mejor manera de evitar esos males.

ANFITRIÓN

Seguramente no es timidez ni afición a la vida lo que me impide morir, sino mi deseo de salvar a los hijos de mi hijo, aunque, por otra parte, parezca que pretendo imposibles. He aquí mi cerviz, que ofrezco al suplicio; hiéranla, sepárenla del tronco, precipítenla de elevado peñasco; solo te pedimos, ¡oh rey!, que a nosotros dos nos concedas una gracia: mátame a mí y a esta desventurada antes que a mis hijos, para no presenciar el espectáculo impío de su martirio llamando a su madre y al padre de su padre; no esperamos auxilio alguno que nos libre de la muerte.

MÉGARA

Y yo te ruego suplicante que me concedas otra gracia, para que tú solo nos dispenses dos a un tiempo: déjame entrar en nuestro palacio, y preparar las fúnebres galas de estos niños; ahora poco nos echaron de él. Así, al menos, poseerán los únicos restos de los bienes de su padre.

LICO