No sé, hija; el estupor embarga también mi ánimo.

MÉGARA

Este, según afirmaban, yacía bajo la tierra, a no ser que nos engañe algún sueño a la luz del día. ¿Qué diré? ¿Deliro acaso y veo vano fantasma? Este no es otro que Heracles, ¡oh anciano! Agarraos, ¡oh hijos!, de los vestidos de vuestro padre; daos prisa, no lo soltéis, ya que para vosotros en nada cede a Zeus Salvador.[121]

HERACLES

Yo te saludo, palacio y vestíbulo de mis lares; ¡con qué gozo te miro de vuelta a la luz! ¡Hola! ¿Qué sucede? Delante de él veo a mis hijos, cuyas cabezas ornan fúnebres galas, y a mi esposa rodeada de hombres, y a mi padre, que llora alguna desdicha. Me acercaré a ellos, y averiguaré qué novedad ha ocurrido.

ANFITRIÓN

¡Oh, el más amado de los mortales!; ¡oh luz que alumbras a tu padre!; ya te veo, ya te salvaste; a tiempo apareces a tus amigos.

HERACLES

¿Qué dices? ¿Qué desgracia ha sobrevenido, ¡oh padre!?

MÉGARA