7º—Retrato.—Una señora de hermosa naturaleza y llena de robustez; el artista ha escogido una de esas posiciones tan naturales en las hijas de los trópicos, cuyo orígen descubren la vaguedad de la mirada y la molicie de la mano izquierda que se entretiene con el velo que la quiere cubrir. Lo que mas llama, en mi sentir, la atencion en este cuadro, es el pecho de la Sra., cuya perfeccion revela que la Osteología y la Miología no tienen secretos para mi amigo Oller.
8°—Retrato.—Otra señora á quien no tengo el honor de conocer. En este cuadro, de algunas dimensiones, parece que el artista ha querido entrar en lucha con ciertas dificultades; y no ha temido poner en oposicion la viveza de los colores en los detalles con la del color de la figura que es lo principal del cuadro; y aunque luchando entre sí, están, sin embargo, en armonía. El paño de la mesa es de una tela fuerte y doble, á la par que el vestido transparente y ligero parece que fácilmente puede moverse con el aire. Sobre la mesa hay un vaso de porcelana con flores tan naturales, que parecen despedir olor; pero cuya misma naturalidad me hace daño tratándose de detalles que podrian pasar sin ser tan atendidos.
La gran dificultad de este cuadro y el escollo para cualquier artista consiste en la naturaleza fina y delicada de la figura; pero mi amigo Oller ha sabido armonizarla perfectamente con la posicion que le ha dado; y solo siento tener que hacer la salvedad de las carnes que antes de ahora he indicado.
9°—Retrato.—No conozco el original; pero es tal la espresion que lo caracteriza que me atrevo á suponer debe estar parecido. En contra de la costumbre de mi amigo Oller, nótase algun descuido en las ropas; circunstancia que no se puede atribuir á olvido en quien con tanta predileccion vé los detalles, y por consecuencia hay motivo para sospechar que se ha hecho apropósito, con el fin de dar mas valor á la cabeza: es una libertad artística, por decirlo así, patrocinada por Vandick, el Ticiano y otros Maestros que no hacian mas que indicar los accesorios para conseguir lo que ha querido Oller; y esto debe servirle de razon bastante para no detenerse mucho en los detalles, por mas que á veces nos ofrezca en ellos bellezas dignas de admiracion.
10º.—Retrato.—En una de las veces que tomaba yo apuntes para escribir este capítulo, hallábase Oller en el salon y le pregunté si en este retrato habia querido representarse él mismo, á lo cual me contestó afirmativamente, pero allá en tiempos en que era muy desgraciado y que sin embargo echaba muy de menos; en una época en que con el pobre vestido que ostenta el cuadro y un pedazo de pan por todo alimento iba á visitar á Rafael, al Españoleto, á Veronese y sobre todo al gran Velazquez, por quien parece tiene nuestro artista una pasion especial, hasta el estremo de colocarle á la cabeza de toda la série de genios que cuenta su arte. Díjome tambien que, para él, su retrato era lo mejor que habia en la exposicion; pero que desgraciadamente no habria nadie de su opinion en Puerto-Rico.
No me atreveré yo á decir tanto como el artista, cuya opinion en verdad me parece un tanto arriesgada, no obstante que está bien ejecutada su cabeza y con el cabello largo y el sombrero chambergo se presta mucho al estilo flamenco empleado en el cuadro; pero sí me parece que tanto el capricho de haber escogido este estilo, en lo que se revela la inteligencia del artista, cuanto el trage que viste y hasta la misma opinion que ha formado el autor de su obra, encierran un misterio que yo respeto; y por consecuencia paso á otro cuadro.
11.—Un boceto.—Parece que es el que ha servido para el cuadro de Santa Cecilia. Está hecho con mucha destreza y el movimiento de los ángeles es muy bonito: podria llamársele la Vírgen de las flores, tal es la bien entendida profusion que de ellas hay en todo el cuadro.
12.—Cuadro de costumbres.—Una niña despues de acostada y persuadida de que nadie la ve, toma la vela y con mucho ahinco lee la carta de su.... no, no sé de quien sea; pero de seguro que no es ni de su papá ni de su mamá.
Si me he equivocado, el artista tiene la culpa; pero creo que positivamente estoy en el secreto y por esta parte paréceme que mi amigo Oller ha conseguido cumplidamente el objeto que se propuso; tal es la espresion de aquel bonito rostro juvenil, aun cuando se halla casi velado por las sombras de la noche que la luz artificial no alcanza á disipar.
Los efectos de luz artificial son de suma dificultad por los inconvenientes que ofrece su estudio por lo penoso de la ejecucion, á causa de los grandes contrastes de mucha luz y de mucha sombra; pero en este cuadro, sin embargo de sus pequeñas dimensiones, el artista nos ha revelado su gran inteligencia; y en mi humilde opinion este cuadrito bien puede figurar entre las obras mas selectas de mi amigo Oller.