13.—Cuadro alegórico.—La Venus de Borínquen.—Pintura decorativa en que el autor parece que ha querido representarnos la muger primitiva de este suelo; en medio de la esplendidez de su naturaleza. Si alguna falta de exactitud puede notarse en el color propio de la raza que ha querido representar mi amigo Oller; si alguna incorreccion, aunque pequeña, existe en el dibujo; en cambio el cuadro ofrece bellezas que no pueden menos de fijar las miradas de todo el que lo contempla; la figura es tan hermosa como encantador el cielo que le sirve de fondo; y no parece sino que en aquella orilla del mar se respira la perfumada brisa de los trópicos. Sensible es que el artista no hubiera podido colocar sus cuadros en mejores condiciones de luz y tambien de distancia conveniente, sobre todo en el de que me ocupo; porque de cierto hubieran podido ser mejor apreciados.
14.—Retrato.—El original, á quien tengo el gusto de conocer, debe encontrarse mas satisfecho de ver su verdadero rostro mirando el retrato que contemplándose en un espejo. Aquella cabeza, que se destaca perfectamente del fondo, tiene no solo las mismas facciones de mi amigo R. sino que presenta la misma animacion de su fisonomía, ese no sé qué que distingue á cada cara de todas las demás que se le parecen. Tanto por esta circunstancia, como por la buena entonacion de los colores, creo que es uno de los mejores cuadros de nuestro artista.
15.—Retrato de un negrito alegre, no tan alegre como debió quedar el original al verse representado en el lienzo con la maestria que ha desplegado mi amigo Oller en este cuadro. Verdad en la figura, armonía en el colorido, mas difícil tratándose de una piel negra; estilo franco y desembarazado; y una ligereza que descubre la seguridad del pincel, son las cualidades que mas resaltan en este retrato y que nos dan á conocer al artista que hace honor á su país.
16—Retrato.—Nada diré del parecido porque no conozco el original; pero creo, en mi humilde opinion, que aquella cabeza se destaca poco del fondo.
17.—La Vírgen de la Providencia.—Hay mas idealidad en esta figura que en la de Santa Cecilia; y se conoce que el artista podria seguir á Rafael en su pléyade de Vírgenes, presentándonos no copias serviles sino imitaciones dignas de un buen Maestro.
18.—Paisage.—Fachada principal de la Casa de Convalescencia en Rio-piedras. Noto en este cuadro demasiada rigidez; no sé si porque, poco afecto á los serios estudios matemáticos, no me avengo á las líneas rectas en las que habrá de todo menos poesía.
19.—Paisage.—Fachada de la misma casa que dá al jardin.—No hay tanto estudio como en el anterior en los detalles, que son demasiado minuciosos; pero, por el efecto de luz que ofrece, es superior en brillantez y en lo bien que ha comprendido el pintor ese efecto del sol que en las horas del medio dia, en que es mas fuerte, hace perder la forma á los objetos que ilumina. Las figuras que se pasean en el jardin están tocadas con habilidad y me atrevería á designar en ellas, aunque muy pequeñas, las personas que quiso representar el artista. El cuadro marcado número 18 me parece un poco opaco; y aunque es efecto de mañana creo que falta por completo la impresion de la naturaleza. Perdone mi amigo Oller esta opinion á quien se reconoce profano en su arte; pero le conozco lo bastante para saber que oye los consejos que no carecen de buen sentido y esto dice mucho en su favor.
20, 21, 22 y 23.—Paisages.—Vistas de Copenhague.—Estos cuatro paisages presentan la naturaleza fria de aquel clima que no conozco y cuyas bellezas me considero incompetente para juzgar; permítame pues el lector que pase á otra cosa susceptible de mas calor; el cual encontraremos sin duda alguna en los siguientes cuadros de comedor.
24.—Bodegon.—Mi amigo Oller ha comprendido perfectamente, como todos los pintores de la escuela española á la que pertenece esta clase de cuadros, que dicho género de pintura debe ser de una gran verdad para que tenga mérito. Nada quisiera decir de este cuadro y de los demás de su clase; sino que cada uno de mis lectores lo viera y escribiese aisladamente su opinion, seguro de que todos dirian lo mismo que yo. La verdad es tan grande que, al ver la gallina muerta y pelada, la taza de manteca y el utensilio de cocina que está detrás y al que la cocinera se olvidó de quitar la grasa del dia anterior, me entran impulsos de soltar la pluma y mandar preparar una gallina igual, por mas que no sea muy conveniente cuando se está sufriendo una gastrítis. En segundo término aparece una hermosa calabaza, tan hermosa que si, en vez de hombre, fuera yo mujer y por añadidura jóven, y á mi amigo Oller se le ocurriera regalarme este cuadro, lo tomaría como un epígrama punzante. No me parece, sin embargo, que al artista se le haya pasado por las mientes semejante idea.
Tanto este cuadro como los que siguen marcados con los números 25, 26 y 27 son sin duda de indisputable mérito artístico.