25.—Bodegon.—Otra gallina pero viva, huevos, un caldero de cobre en que se ven manchas de cardenillo y una botella de vidrio. El tono es mas vigoroso y su ejecucion poderosa demuestra claramente la firmeza que caracteriza el estilo de Oller y que impide el que en la generalidad de sus cuadros se encuentre ninguna parte relamida. El cardenillo adolece de falta de color.
26.—Bodegon.—El canasto de la cocinera, que difícilmente se mejora; un papel de avichuelas; una naranja agria que da dentera con solo verla; tomates, unas botellas y unas monedas de cobre; todo lleno de verdad como en los anteriores.
27.—Bodegon.—A mi amigo Oller debe gustarle mucho el carato de guanábana, porque en este cuadro ha dispuesto todo lo necesario para prepararlo y lo ha dispuesto con tal verdad que, á mí por lo menos, me produce siempre sed la vista del cuadro. Una hermosa guanábana partida en dos por un cuchillo que casi le incita á uno á sugetarlo para que no se resbale de la orilla del plato en que se apoya, tal es la exactitud con que está hecho; una botella de barro que debe hacer muy fresca el agua y un vaso con su correspondiente azúcar, esperando la madura tajada de la fruta, son los objetos que contiene el cuadro y en cada uno de los cuales luchan la inteligencia y la mano del artista por vencerse á sí propias.
28.—Bodegon.—Una cacerola y un trapo de cocina, que parecen decir que han sido hechos el uno para la otra; y un queso ya partido colocado sobre una hoja fresca de plátano, de una verdad tan patente, que de seguro tratarían de utilizarla todas las pasteleras de este país que tuvieran ocasion de verla.
29.—Bodegon.—Una cafetera, un medio pan, un plátano y dos mazorcas de maiz tan hermosas que me hace recordar los versos de Bello.
Gefe altanero, de la espigada tribu.
30 y 31.—Bodegones.—Plátanos y mangos de no tanta verdad como la guanábana, la calabaza y demás frutos de que he hecho referencia.
32 al 45 inclusives.—Estudios de paisages en que hay bellezas admirables de imitacion, cielos como solo los ofrece nuestra zona tropical, perspectivas deliciosas y mucha poesía en algunos de ellos; en otros, sin embargo, segun mi humilde opinion, hay falta de entonacion en el colorido y en uno que otro como el 40 y 43 hasta falta de armonía en los detalles: pero en general son de un efecto maravilloso y parece imposible que se pueda jugar de esa manera con los colores y conseguir una impresion tan exacta. En estos estudios quiere sin duda mi amigo Oller demostrarnos que ha bebido en la fuente de los grandes Maestros; y que, como el poeta, se deja seducir por la inspiracion sin detenerse nunca en la materialidad de lo que vulgarmente se conoce con el nombre de pincel fino; gusto amanerado y ridículo de los que, con poca imaginacion, no son capaces de producir otra cosa mas que esos cuadros que ciertamente están acabados pero no están hechos. Para convencerse de que no he consignado una paradoja por mas que lo parezca á primera vista, basta, en mi juicio, recordar esos cuadros de pinceladas muy iguales, de líneas muy correctas y hechas con mucha paciencia, que podrian pasar por trabajos perfectos de caligrafía, pero que distan mucho de ser buenas obras de pintura: á esos cuadros es á los que me refiero y de los que digo que están á no dudarlo acabados, pero que les falta lo principal para estar hechos; les falta armonía, les falta verdad en los tonos, les falta el aire que rodea todo el cuerpo que representan; y, si se me permite el atrevimiento, les falta el aire que se mueve entre el pintor y el objeto que copia y que es lo que constituye un cuadro hecho.
Por eso yo creo que los jóvenes puerto-riqueños que se dediquen á la pintura deben examinar los estudios de mi amigo Oller, para que como él aprendan á copiar la naturaleza y á sacar de ella reglas invariables que les sirvan en todos los casos, sabiéndolas aplicar con acierto, como lo hace nuestro artista; y sepan tambien conocer á tiempo que en la pintura, como en la música, como en todas las bellas artes, hay algo que no se aprende, sino que nace con el individuo y que en faltando debe abandonarse el arte. Por esto los Italianos dicen que solo se puede ser artista per dono di Dio.
Ese don lo ha recibido mi amigo Oller y ha sabido cultivarlo y sabrá engrandecerlo todavia mucho mas, porque es jóven y su alma sabe sentir todas las grandezas y todas las bellezas de su divino arte, y no querrá que esta sublime llama se estinga en medio de la soledad artística en que hoy se halla sumido; sino que volviendo á la atmósfera en que nunca se extinguen las auras perfumadas por los recuerdos de los grandes Maestros y por los ejemplos de los que les han sucedido, respirará de nuevo el aire vivificador que comunique nuevo impulso á su ardiente corazon.