Toi qui riche en fumée oh sublime alchimiste!

Tratábase solo de divertirse, lo cual es siempre mas fácil para el hombre, sin duda en cambio de que las penas vienen por sí solas; y lo hacian á las mil maravillas moros y cristianos; feudos y vasallos, chinos y europeos; llevando la alegría á todas partes y repartiendo por todas dulces y versos con profusion.

La mascarada salió del Teatro y recorriendo la calle de la Fortaleza, en toda su estension, fué á detenerse en el estremo oeste, en el palacio del Gobernador Superior, subiendo dos ó tres máscaras á saludar á S. E. y á su apreciable familia, quienes los recibieron con toda la finura que los distingue. Hubo speechs, aunque cortos, y en ellos se manifestaron los deseos por la felicidad y bienestar del Gefe de la provincia, así como por el engrandecimiento del comercio de esta; á lo que contestó S. E. que por su parte hacia cuanto le era dable por conseguirlo y que cada dia tenia nuevos motivos para trabajar con mas empeño en ello; encontrándonos así con que la alegre fiesta, cuyo objeto era solo la pública diversion, reunia en sí el utile dulce, de que nos habla el viejo poeta latino.

Terminado el acto de cortesía, volvió á ponerse en marcha la mascarada rodeada de un inmenso concurso de toda clase de gentes, que la acompañó en su escursion por las demás calles de la ciudad; y se pasó la tarde alegre y divertida, merced al bonito espectáculo discurrido y ejecutado por los jóvenes merceros.

A los cuatro dias de esta fiesta nos ofreció otra, no menos alegre, nueva y favorecida, el gremio de Comisionistas que, deseando tomar parta en los regocijos públicos, dispuso una diversion digna de la buena sociedad que en ella tomó parte y digna de los que preciándose con razon de cultos, no olvidan por lo mismo que los sentimientos caritativos son uno de los mas sólidos fundamentos en que puede apoyarse la cultura de cualquier pueblo.

Dió principio esta fiesta por la distribucion de siete limosnas á igual número de huérfanas pobres, una de cada barrio de la Capital, cuyo acto se verificó el sábado 20 de Junio por la tarde en el salon de la plaza principal y ante un concurso numerosísimo que se habia reunido para presenciar la fiesta. Veinte y cinco duros fueron entregados á cada una de las favorecidas por la suerte entre las que se habian considerado acreedoras á gozar de aquel donativo; y al regocijo público que produjo esta accion benéfica se unió, con mucho mas motivo, el de las siete familias que se encontraban con un socorro inesperado y de gran estimacion para las que, luchando con las escaceses de una horfandad desvalida, no tienen mas esperanzas regularmente que ver una mano generosa que hácia ellas se extienda.

Esa mano representa un don espléndido de la Providencia, el de la misericordia; y no puede menos de ser besada con respeto y con amor por aquellos á quienes favorece. Terminado el acto de caridad reuniéronse en el mismo salon de la plaza las amazonas y caballeros que iban á tomar parte en la cabalgata; mientras que en las calles de los alrededores se colocaban en hileras los coches para las demás señoras y señores que tambien pertenecian á ella. A poco rato y cuando ya se hallaban todos reunidos, se puso en marcha la comitiva por la calle de San Francisco. Rompian aquella diversos criados que llevaban las banderas contraseñas de las casas comisionistas; seguía detrás una banda numerosa de música que ejecutaba preciosas danzas; despues y sobre un pequeño carro preparado para el efecto se levantaba una pirámide trunca en cuya parte superior ardian mas tarde variadas luces de Bengala para alumbrar el alegre cortejo; en seguida lucian sus gracias cincuenta esbeltas ginetas que vestian variados y caprichosos trages, presentando así un conjunto mas agradable; y junto á ellas otros tantos apuestos caballeros que hacian los debidos honores á sus damas, no obstante que junto á cada una de estas marchaba un lacayo. Por último, venian los coches en que lucian muchas otras señoritas y señoras, así como tambien numerosos señores.

La elegante comitiva reunia á no dudarlo todo lo principal de la sociedad puerto-riqueña; y fué un espectáculo, tan nuevo como agradable, ver tantas jóvenes hermosas y elegantes prestarse con la amabilidad que les es propia al buen éxito de tan culta diversion; por eso el gremio de Comisionistas anduvo asaz acertado cuando las ofreció en justo tributo de su bondad la bellísima serenata escrita por el distinguido poeta Dr. D. J. G. Padilla, con todas las galas de su inagotable fantasía, con toda la armonía de su rico laud. Delicada composicion que tiene en sí tanta ternura como una enamorada hija de los trópicos, tantas bellezas como los rostros angelicales de aquellas á quienes ha sido dedicada.

Pero volvamos á la Cabalgata, que la he dejado en marcha por la calle de San Francisco, la cual recorrió en toda su extension hasta dar la vuelta por la plazuela de Santiago y tomar la de la Fortaleza en direccion al palacio del Gobernador Superior, con objeto de presentar sus respetos al Gefe que tambien tomaba parte en la fiesta, puesto que su niña era la primera y bien apuesta amazona de la cabalgata.

Una vez terminado este acto de justa deferencia, la comitiva recorrió las principales calles de la ciudad, encontrando por todas ellas curiosos espectadores de todos sexos y condiciones que se agrupaban á las puertas y balcones de las casas, en las avenidas de las calles y en todos los sitios, desde donde podian admirar aquel bello y alegre cortejo.