Para terminar la fiesta la comitiva se dirijió á la casa de uno de los principales comerciantes, cuyos hermosos salones se habian exhornado con el mejor gusto y despues del descanso necesario y de haberse servido profusamente dulces escogidos, sorbetes y refrescos, se dió principio á un animado baile que duró hasta cerca de las once de la noche, en medio del contento y satisfaccion de todos los que habian tomado parte en fiesta tan distinguida; haciéndonos conocer que no siempre están en riña, como á veces tenemos que creer, la primacía del bolsillo con la del buen gusto y los mas bellos sentimientos. Por eso, en mi imparcialidad, tengo un verdadero placer en consignar que la fiesta de los señores comisionistas fué una de las mejores con que se celebró el San Juan del presente año; y que han correspondido, como todos los demás gremios, pero en la esfera que les es propia, á la indicacion hecha por el Ayuntamiento; supliendo la vulgar alborada con una fiesta que no pudo menos de ser bien aceptada por el público.

En la tarde del dia siguiente al de esta fiesta, el Ayuntamiento celebró la regata anunciada en el programa, y que tuvo efecto en la línea de la bahía que corre desde la dársena de los botes hasta la mitad del trayecto que se hace para llegar á la punta de Cataño. Frente á la dársena se levantaban dos bonitos palcos, uno para el Gefe Superior de la provincia y su familia y otro para el Jurado que habia de dar los premios y delante de ellos se habian colocado asientos para el público; al otro estremo de la línea que debian recorrer los botes luchadores hallábase una esbelta goletita empavesada con mil banderas de todos colores y conteniendo además del Comisionado del jurado una banda de música militar que recibia alegremente á los contendientes. Toda la carrera se hallaba limpia de embarcaciones, para que los regateadores no encontraran obstáculo alguno.

A las cinco de la tarde llegó al sitio designado el Excmo. Sr. Gobernador Superior Civil, en union de su familia y ayudantes, siendo recibido por la Comision del Ayuntamiento y saludado por otra música militar que habia preparada con dicho objeto, y en seguida dió principio la diversion.

La tarde no podia presentarse mas apropósito. El cielo despejado lucia ese azul brillante que solo muestra en nuestra zona; una hermosa brisa rizaba suavemente la superficie transparente del mar y embalsamaba el ambiente que se respiraba, y la temperatura deliciosa de primavera que en aquellos momentos se disfrutaba, hacia olvidar que estábamos ya en la época de los fuertes calores.

Siete ú ocho mil personas se agrupaban en los muelles, en las azoteas de los almacenes de la Marina, en botes particulares que no habian de tomar parte en la lucha, en las murallas de todo el recinto que da á la bahía y en los balcones y azoteas de las casas de la ciudad que tienen frente al mismo sitio. Contemplado el cuadro que ofrecian desde el medio de la bahía, era un anfiteatro inmenso, lleno de gentes de todas clases que, cual en los antiguos circos, se disponian bulliciosas para gozar de la fiesta que iba á celebrarse, sinó con mas entusiasmo, por lo menos con mas tranquilidad de espíritu que aquellos romanos que se congratulaban en ver correr la sangre de los infelices gladiadores. La lucha que aquí iba á presenciarse era mas pacífica, mas dulce; y tan provechosa para el adelanto del trabajo y de la industria, como perjudicial era la de los tiempos antiguos para aquellos pobres seres que habia degradado la feroz altivez de los que, aun cuando señores del mundo, profesaban los disolventes y anti-humanitarios principios del paganismo.

El espectáculo dió comienzo por una regata á remo en que tomaron parte hasta unos once botes, de diferentes formas y dimensiones y variado número de remeros. Como sucede siempre en estos espectáculos, en el momento de partir los contendientes se despierta en los espectadores un sentimiento de ansiedad, en tanto que alguno de aquellos no toma una reconocida ventaja sobre los demás; una vez declarada esta, las simpatías del público se pronuncian en favor del que la obtiene, porque, desgraciadamente, la humanidad siempre se adhiere al vencedor, aun cuando no le falte una lágrima de compasion para el vencido y aun cuando conozca que las circunstancias adversas hayan sido las únicas que á tal extremo hayan traido al último.

A los diez minutos la partida estaba terminada y el bote Pájaro, de los del tráfico de la bahía, volvia triunfante ostentando la bandera de premio que habia conseguido al llegar el primero al término de la carrera.

La segunda regata fué á la vela; y aquí la ansiedad de los espectadores estribaba especialmente en ver los ligeros botes que casi presentaban sus quillas al aire, doblados por el escesivo empuje del viento en el voluminoso velámen de que se habian armado. Pocos fueron los contendientes, pues si mal no recuerdo apenas conté cinco al partir de la dársena; y muy pocos momentos tambien fueran bastantes para prever en favor de quien se decidia la suerte. El bote Bella Gabriela, del tráfico de la bahía, tomó desde luego notable ventaja sobre sus competidores, y sin esfuerzo alguno alcanzó la bandera de premio que volvió ostentando al poco rato.

En la tercera regata, el número de los contendientes fué tan numeroso como en la primera, porque tambien se efectuaba á remo; pero la fortuna se decidió desde el principio por un elegante botecito del vapor Triunfo, que sin grande lucha volvió al cuarto de hora engalanado con la banderola de premio.

Estas banderolas fueron despues cangeadas por las que el Gobernador Superior entregó como premio á los vencedores, las cuales á su vez debian servirles para recoger los premios pecuniarios que dió el Ayuntamiento; y numerosos vivas y aclamaciones resonaron por todas partes, haciendo conocer el contento general de los que presenciaban tan agradable fiesta.