"1º.—A la mejor yegua de vientre.
"2º.—Al caballo mas ligero.
"3º.—Al mas bien domado y enseñado.
"4º.—Al mas corpulento y de mas fuerza.
"5º.—Al de mejor estampa.
"Que cada año por San Juan y San Pedro se reuniesen en la Capital, como lo verifican ahora, para la prueba, comparacion y adjudicacion de premios, en cuyo acto se desplegase todo el aparato posible.
"Que se publicasen en los periódicos los nombres del dueño y del caballo premiados, y que se luciesen algunas otras cosas que son buenas para dichas en un reglamento, y agenas de un artículo como este."
Esto escribia en el "Cancionero de Borínquen," que vió la luz en 1846 en Barcelona, mi ilustrado amigo el Dr. Médico D. Manuel A. Alonso; y de seguro que, conociendo las condiciones de nuestro país, muy lejos estaría de creer al escribirlo que á los ocho años habia de verse realizado su pensamiento. Sin embargo, este envolvia una reconocida utilidad para el país; y como toda buena semilla, aun cayendo en terreno mal preparado, hubo de prender y desarrollarse si bien lentamente.
Ya el lector ha visto que en el año de 1854 y por disposicion Soberana fué que se establecieron los concursos de caballos en nuestra ciudad, como medio eficaz para fomentar las buenas razas de esos animales. Conocido es de todo el mundo el entusiasmo con que dichos concursos se celebran en España, Francia é Inglaterra y los valiosos premios que se dan en los tres puntos á los caballos que salen vencedores en las carreras; y eso que el caballo es hoy en Europa un animal de recreo, desde que la locomotora arrastra con mas rapidez y baratura los vehículos en que el hombre se transporta de un punto á otro, ó en que hace transportar las mercancías que alimentan el comercio y satisfacen las necesidades de los pueblos. Pero por lo mismo que el caballo se ha convertido en un objeto de recreo y por consecuencia de lujo, las clases ricas sostienen con mas empeño esas luchas del noble animal que por tan largo espacio de tiempo ha ocupado un lugar tan predilecto en el hogar doméstico, que tantos y tan distinguidos servicios ha prestado al hombre y que aun hoy mismo forma parte de la familia entre los pueblos del oriente que, algo refractarios á la civilizacion, conservan las costumbres de otros siglos. En Lóndres, como en Paris, como en Madrid, no solo se celebran carreras de caballos y se dan crecidos premios de dinero; sino que se saben apreciar las diversas cualidades de las diferentes razas de caballos y se trata de conservarlas en toda su pureza, mezclándolas únicamente, con toda precaucion y estudio, para mejorarlas.
En nuestra Isla, el caballo por desgracia, y digo por desgracia porque la falta de otros medios de comunicacion revela nuestro atraso, el caballo no es todavia un artículo de lujo; lejos de eso, es, en general, el único medio útil de locomocion; porque, desprovisto de carreteras todo el interior de la provincia, solo el caballo puede transportar al hombre por los estrechos y quebrados senderos que tienen que atravesarse en todos sentidos, y solo el caballo pasa con pié firme las multiplicadas cuestas del montañoso terreno que forma el corazon de la Isla. Verdad es que de algunos años á esta parte puede recorrerse en carruage casi todo el litoral; pero sus inconvenientes presenta todavia este pequeñísimo adelanto en las épocas de lluvia, porque, no teniendo afirmado la mayor parte de los caminos, se forman prontamente baches peligrosos que no pueden menos de infundir respeto al transeunte y obligarle á que en los casos de urgencia prefiera el caballo al carruage.