El Credo es de un género muy superior al gloria, en términos de que, en mi humilde juicio, se rompe la unidad de mérito que debiera reinar en el conjunto de la misa; pero probablemente el autor se ha visto arrastrado á ello por la abundancia de sentimientos que dominan en el primero, de tan distinto carácter entre sí y de tanta grandeza todos ellos. El Credo, que contiene los principales misterios de nuestra Santa Religion, no ha podido menos de conmover profundamente el alma sensible del músico; y de aquí que su obra haya salido riquísima de contrastes de grande efecto y de armonías muy variadas, que la hacen elevar, en mi sentir, al género de música clásica. Sobre todo brilla en ese sentido el trozo que comprende el Incarnatus y que lleno de magestad y firmeza produce sin duda en el corazon de los oyentes la profunda veneracion que tan elevado misterio exige.
El allegro del Resurrexit corresponde perfectamente á la alegría de la Iglesia y de los fieles por la resurreccion del Salvador, que envolvia en sí la regeneracion del mundo; y es sorprendente por la novedad del canto con que concluye, en el que parece se alejan los sonidos hasta terminar por no percibirse; siguiendo inmediatamente otro canto que imita, como á igual distancia de aquel, el eco lejano de un órgano de Iglesia: la primera vez lo ejecutan los instrumentos de metal; y la segunda, mas cercano al sitio de donde aquellos parten, lo repiten las voces y todos los instrumentos. El efecto en ambas veces es prodigioso; y toda esta parte de la obra es de un carácter tan verdaderamente religioso que al oirla se llena el alma de ese recogimiento místico que lo acerca á uno á la Divinidad.
La música toda de la misa está llena de muchas y variadas glosas y de solos de instrumentos que contribuyen á embellecerla: pero, aunque profano, me atrevo á aconsejar á mi amigo Gutierrez que no prodigue tanto las unas y los otros, ni prolongue tanto los últimos como lo ha hecho con el solo de fiscorno que antecede al Benedictus, porque esto no da mas resultado que el distraer á los fieles del verdadero objeto que los lleva al templo, sobre todo cuando, como esta vez, son ejecutados por un buen Maestro; y son recursos que no necesita su rica imaginacion.
La misa es una obra completa y suficiente para formar un juicio favorable de su autor, quien sin duda alguna está llamado á esperar la gloria pura y esplendente que guarda el arte para los que saben gustarlo con la delicadeza de sentimiento que distingue á mi amigo Gutierrez. Hoy sin embargo que nos ha hecho conocer con otra obra distinguida, del género dramático, que se ha dado al estudio de la música clásica alemana, me atrevo no á aconsejarle, pues no me considero facultado para tanto, sino simplemente á indicarle que tenga especial cuidado en el estudio de la música alemana moderna porque en medio de su originalidad y de las infinitas bellezas en que abunda, sobre todo en armonía, se resiente algun tanto de ese mal que por desgracia se ha apoderado de todos los conocimientos humanos y que en literatura se conoce con el nombre de realismo. El buen criterio de mi amigo Gutierrez y el conocimiento que tiene de los grandes maestros músicos alemanes del siglo pasado y principios del presente, le deben servir de guia en sus estudios, y evitarle el que caiga en el defecto que he indicado.
Por mas que no me lo permita el objeto de este capítulo de mi reseña, me veo forzado á no terminarlo sin expresar el sentimiento que me domina al ver que no hay una academia de música en nuestra Ciudad, apesar de la aficion que en ella se nota por tan bello arte; y gracias á que la existencia de la orquesta de capilla dé motivo, de tiempo en tiempo, para que el público se ocupe de alguna obra religiosa que lo merezca. En lo profano hay sin embargo tambien mucho bueno que estudiar y que admirar.
XIV.
Carreras de San Juan.
He aquí el punto culminante de las antiguas fiestas populares de nuestra Ciudad; lo que ha sido causa de alegría y de pesar para el pueblo; y lo que en otro tiempo constituia la principal diversion en los festejos del San Juan. Desde esa época á hoy las cosas, no obstante, han variado mucho, puesto que sin prohibicion de ningun género vemos que ya no se corre á caballo en las noches de las vísperas y dias de San Juan y San Pedro, como en otro tiempo se corria; y vemos que el pueblo, que tan frio se muestra para las carreras, se aficiona y mucho á otras clases de fiestas que no entraban nunca en el programa de las que celebraron sus antepasados.