—Últimamente tampoco lo amaba.

—Entonces ¿por qué volvió a su lado?

—Tenían intereses comunes.

—¿Llama usted intereses comunes a esos préstamos en que él es el deudor?... ¡Pero si ella no la amaba ya, no podía estar celosa de usted!

—No.

—Entonces ¿por qué se habría dado la muerte?

—No sé. A causa de sus escrúpulos, probablemente.

—¿Porque quería a otro y no podía ser suya?

—No sé. Tal vez. El suicidio, aunque parezca largamente meditado, se realiza siempre por un impulso momentáneo o imprevisto. Basta con un motivo de dolor. Ella tenía muchos.

—¡Razona usted muy bien!... ¿Sabía el Príncipe que la Condesa amaba a otro?